Medios de comunicación

Comunicación e información en la sociedad del conocimiento desigual: una agenda de respuestas

Ramón Zallo

Sábado 1ro de marzo de 2014

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[Primera parte de la comunicación inaugural de Ramón Zallo al III Congreso de la Federación de Sindicatos de Periodistas celebrado el 19 y 20 de octubre de 2013. Insertámos vínculo al documento completo en pdf para aquellas personas que estén interesadas en la lectura integral de la misma.]

Coincido con el diagnostico que un grupo de periodistas, Rosa Mª Calaf, Jesús Maraña….entre otros, realizaba el 14 de setiembre con “El periodismo necesario”.

Las presiones del poder financiero, la intermediación de sus marionetas políticas y la desorientación de los medios tradicionales frente a la revolución digital forman un cóctel explosivo cuya víctima principal es la libertad de información, uno de los elementos básicos de la calidad democrática, un derecho de los ciudadanos, no un privilegio de los periodistas”. En la misma dirección diserta el libro “Queremos saber” y su nostalgia sobre el buen periodismo en zonas de conflicto.

Siendo esto así convendría una mirada más a vista de pájaro para enmarcar esos procesos degenerativos en el periodismo pero que trae nuevos espacios para la comunicación.

I: LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO DESIGUAL

1.1 El sistema económico

El sistema económico capitalista, un sistema muy dominante -por no decir exclusivo- a escala planetaria, se encuentra en proceso de readaptación a los cambios, en claves de capitalismo global y transnacional bajo dirección financiera.

Un elemento transversal que lo recorre es la búsqueda de valores añadidos en 2 base a la gestión del conocimiento y la información, además de la tradicional explotación del trabajo de todo tipo. Ya trae la experiencia secular de una gestión de los medios de comunicación social en el Marco de las sociedades democráticas de masas.

El sistema económico y social tiene muchas más continuidades que rupturas respecto a anteriores modelos de capitalismo, tan es así que cabe decir que hay una crisis en el sistema pero no del sistema.

Este sistema que está lejos de haberse estabilizado, al menos hoy, carece de la coherencia necesaria para articular unas relaciones constructivas entre sus inmensas capacidades productivas y una demanda social y pública para absorberlas porque, paralelamente, la nueva acumulación de capital se realiza desde una inmensa desvalorización del factor trabajo… incluido el muy productivo trabajo cognitivo o basado en el valor añadido del saber. Esa lógica, eso sí, permite recuperar la tasa de beneficio del capital sobreviviente y que crece, y mucho, en medio de la crisis actual.

Para su desgracia el crecimiento de la demanda de bienes simbólicos e información no se monetiza lo suficiente salvo para los vendedores de aparatos o accesos con lo que no está siendo posible que este sector sea el tractor de la salida del túnel vigente.

La crisis sistémica y la crisis financiera se están canalizando por la vía de la desposesión de grandes colectivos y por las políticas sociales hostiles sostenidas por unos Estados que han renunciado a satisfacer las demandas ciudadanas, que era el fundamento en la anterior era de la Sociedad del Bienestar. Matizando, España siempre fue una Sociedad del Medioestar. Ahora nos instalamos en la Sociedad del Medioestar-mal, aunque el capital propugna directamente la sociedad del malestar, sin derechos; y solo las resistencias organizadas se lo impiden quedándose a medio camino de sus objetivos.

En el ínterin las empresas transnacionales y fondos financieros campan por sus respetos y disciplinan a sus intereses al FMI o a las autoridades comunitarias mientras solo quedan como espacios democráticos dependientes, y cada vez mas deteriorados pero también como espacios de protesta y presión social, los ámbitos estatales, nacionales y locales.

Ello también se traduce en la apuesta por la Seguridad interior y la vigilancia por parte de los Estados, a costa de la libertad y la privacidad. Hobbes vence a Locke en esta era del capitalismo global que reduciendo el rol económico y social de los estados agranda su rol de gendarme para frenar el descontento.

Muchas democracias viven una crisis de desafección ciudadana con una contestación social muy amplia y en todas las facetas (bienestar, recursos, democracia..) por sus derivas indeseadas (movimientos de capitales especulativos, paraísos fiscales, corrupción, dependencias alimentarias y de materias primas, déficits energéticos) que invitan a partes crecientes de la sociedad a revolverse, incluso con ensayos de otras relaciones sociales 3 emergentes como son la economía social, la economía del bien común, la ampliación del procomún, la compartición o la soberanía alimentaria.

Las gentes, las multitudes, las comunidades diversas y complejas, de modo defensivo, ponen en un primer plano reivindicaciones de derechos económicos, sociales y políticos, y exigen codecisión o gobernanza con nuevas reglas como la transparencia o la rendición de cuentas, acabando con la separación de la política respecto a la vida.

El salto a la globalización se hace desde el anterior modelo de estados nacionales sobrepasados en su soberanía pero sin que les sustituya una estructura de gobernanza mundial que ofrezca consensos y tenga autoridad desde criterios democráticos. En este plano no hay gobernanza mundial, y la que hay de tipo regional de Estados como la UE, se salda en una deslegitimación creciente por su subordinación a financieros y por su lejanía respecto a las ciudadanías.

1.2. El sistema informacional y comunicativo

A diferencia del sistema económico, en el sistema comunicativo, hay más rupturas que continuidades porque el sistema comunicativo está en el corazón de los cambios tecnosociales.

Por un lado, hay rupturas en cantidades de información, modos de producción, costes, mix expresivos, formatos, accesos, usos y el sentido del tiempo autogestionado. Por otro lado, hay algunas continuidades en formas expresivas ya consolidadas, relatos, géneros, fondos del procomún, miradas desde las identidades o valores profesionales. Y es que el mundo no se inventó ayer por la mañana.

El cambio de paradigma tecnológico, de la información especialmente, trae evoluciones inesperadas (tecnosociales, económicas, urbanas, culturales). El ciberespacio como espacio relacional, mediado por máquinas y con finalidades multiuso, significa tensión entre sus bases materiales -que gestionan los propietarios de redes, software, plataformas y patentes- y su reutilización social.

En el cruce entre el sistema económico y el sistema informacional tiene un rol central -tanto para la acumulación de capital propio de una sociedad avanzada como para su funcionamiento, desde unas elites hegemónicas, que buscan estabilidad para sus intereses- la gestión del capital cognitivo, es decir del saber.

Una de sus contradicciones es que, siendo posible la democratización, plena y a coste ridículo del conocimiento a escala planetaria, la regulación económica del sistema merma esa potencialidad y frustra a millones de internautas. Estos tampoco se quedan pasivos porque disponen de herramientas de información para interacciones y para la generación de fondos amplísimos y abiertos, e incluso capacidades de bloqueo sistémico temporal. Una gran debilidad del sistema.

Tiene otro problema. El desorden de flujos, criterios y valores dominantes genera una cultura abierta, sí, pero también, líquida, sin referentes, con pérdidas de sentido, speed, kleenex y poco conflictiva.

Este saber, este conocimiento es el resultado de dos elementos. Por un lado un fondo común de conocimiento que es patrimonio de la humanidad y que heredamos los humanos contemporáneos del homo histórico y del homo analógico. Y por otro lado, están las aportaciones actuales de valor añadido del trabajo intelectual, científico, creativo, organizativo, es decir todo el capital humano basado en el conocimiento, incluido el de información. Los grandes contenidos disponibles, intercambio de archivos, espacios colaborativos, repositorios compartidos, proliferación de redes sociales…han facilitado que se extienda un capital social gigantesco de conocimiento y emerja una ciudadanía más implicada, lo que interpela a la legitimación y mecanismos de las democracias.

Algunos analistas vienen a llamar a este último como “cognitariado” -trabajo cognitivo sometido al proceso de producción de valor, de explotación y de mercancía semiótica, en términos de Berardi (2003: 11).

En ese trabajo cognitivo se darían cita tres tipos de agentes: los trabajos de los vendedores de servicios bien pagados o de una franja cada vez mas limitada de asalariados bien remunerados; el nuevo proletariado asalariado del conocimiento y, finalmente, el subproletariado del conocimiento en paro o que vende servicios ocasionales, sin derechos sociales y precarios.

Estas capas ejercen por si mismas una experiencia social autónoma en curso, conscientes de su propio saber (el conocimiento ya no es patrimonio de elites serviles), y responden, desde abajo, mediante reapropiaciones parciales (innovación social, desobediencia civil).

Tienen en común la implicación de los trabajadores cognitivos en el trabajo -vía fascinación tecnológica y capitalización cognitiva personal en el sentido de Bourdieu- pero al que se retribuye cada vez peor, en términos precarios e individualizados propios de un trabajo de autónomo o empresario de si mismo.

El trabajo de conocimiento e información, el trabajo cognitivo, se convierte en categoría de condición social pero su diversidad de situaciones no le permite ser un clase en sí, y menos para si, aunque no impide una unidad de intereses temáticos o puntuales entre franjas cultas que pueden fraguar alianzas monotemáticas, por ejemplo, en cuestiones como el acceso y transmisión del saber, la participación…..

1.3 Doble naturaleza de la sociedad del conocimiento…. desigual

En sentido amplio, como cadena de valor que va desde la creación al uso, pasando por la producción y la distribución, la ruptura digital respecto al modelo comunicativo anterior, el modelo analógico, es evidente.

Por una parte, se traduce en una creación expandida, una producción inmaterial abaratada y prolífica desde múltiples puntos -aunque sus calidades son extremadamente variadas-, una distribución horizontal radicalmente modificada con desintermediaciones analógicas y reintermediaciones digitales, y unosaccesos y usos interactivos, con una segmentación por subjetividades o comunidades virtuales.

Por su tendencia a coste cero por unidad distribuida y por su fondo común, hay una propensión general a generar muchos más bienes públicos (no rivales, no excluyentes) que antaño, ampliando el procomún colectivo disponible.

Además se generaliza socialmente. Más de un 70% de la población de la UE hacía uso de internet de manera habitual en 2011, cuando en 2001 lo hacía un 32%. El 60% del tiempo de no- trabajo y de no-sueño se destinó al consumo de productos y servicios proporcionados por las industrias culturales, aunque ahí está comprendido el trabajo oculto (de creación, información o formación).

Este panorama es mucho mejor que el de la cultura analógica en lo que a abundancia y accesos se refiere con efectos en la democratización del conocimiento. La descentralización da margen a las minorías antes perdidas.

Igualmente se da una flexibilidad y ubicuidad de las ventanas o pantallas pero también se multiplica la dificultad de asentar modelos de negocio para la mayoría.

En el caso europeo se desmiente que la digitalización con gratuidad haya arruinado a las industrias culturales, según el informe de Kunstner para Booz&company. La digitalización no ha supuesto un freno para el crecimiento de las industrias culturales europeas, sino al contrario, puesto que en 2011 -en comparación con el 2001- han tenido ingresos adicionales por el digital por valor de 30.000 millones de euros; y se ha mantenido constante el empleo en el sector con 1,2 millones de trabajadores. Entre 2001 y 2011, la tasa de crecimiento anual de las industrias culturales en Europa fue del 2%. Pero sí ha habido dos sectores muy afectados con un crecimiento negativo anual: la música (-2,9%) y la prensa (- 1,1%), al contrario de los videojuegos o del audiovisual. Este último supone ya el 50% de los ingresos totales de las industrias culturales europeas, muy empujadas por el cable y los abonos en la TDT.

En el caso español el volumen de negocio de las industrias culturales en 2008 era de 15.858 millones de € con un incremento del 3% anual entre 2004 y 2008, aunque con descenso en 2008 respecto al año anterior: Entre 2003 y 2008 el sector editorial y de prensa creció un 13% en total y la RTV 18,1%. Pero la crisis se profundizó desde entonces. Hoy ya no estamos ahí.

Por otra parte, la incertidumbre y el desorden de los modelos de negocio frenan la calidad o la profesionalidad Esos modelos de negocio no parece que vayan a poder basarse en el pago por unidad, ni en un contador de consumos, sino preferentemente en flujos o paquetes, o bien de uso gratuito o bien con dos remuneraciones compatibles: la publicidad y las tarifas planas (o suscripciones) segmentadas en función del espesor de la oferta general, con añadidos de pago de uso opcional.

Estas circunstancias contradicen la voluntad de nicho de nuevas rentabilidades al que se suponía que la digitalización estaba abocada y evidencian una gran inadaptación sistémica para su reproducción.

Las propias redes tienen así una doble naturaleza: comercial en sus condiciones de uso y en finalidades crecientes, y relativamente libertaria en lo comunicacional y en los contenidos que engrosan el procomún.

En el momento actual esto se expresa en dos tendencias contrapuestas: la mercantilización (de la mano de las industrias culturales y creativas) y la socialización (de la mano del procomún).

La SD no es una sociedad estable a falta de regulación social y hay nuevas áreas de conflicto en temas como la privacidad, la Propiedad Intelectual, los bienes comunes o la libertad de expresión; y los usos abiertos chocan con los agentes económicos con problemas en el mercado de contenidos.

En un contexto de erosión de los servicios públicos (SP), la pugna entre espacios públicos y mercados trae debates especialmente con los neoliberales, aunque también con algún sector contestatario adanista que identifican dichos servicios solo como un interés del Estado contraponiéndolos al procomún.

Al fondo, la cuestión en debate no es sobre la Sociedad Digital como tal sino sobre sociedad, democracia, derechos sociales, naturaleza o ciudadanía. La Sociedad Digital no es un compartimento separable de esas referencias. La red y la digitalización son solo dispositivos tecnosociales, eso sí, con una gran importancia por sus efectos en la construcción social, en el modelo de gobierno y en los media.

Por muchos motivos -y la red como tal no es el más importante- en nuestra época los principios o divisas de la Ilustración -Libertad, Igualdad y Fraternidad- se han redefinido y ampliado con categorías como diversidad, sostenibilidad, desarrollo humano, género… Su conexión con los dilemas que plantea la red están en la base de los derechos de cuarta generación que se alimentan de principios como el acceso, la neutralidad y la no discriminación en la red y el procomún.

1.4 Dos centralidades nuevas: señores de las redes y usuarios

En la fase actual de la digitalización hay varios agentes: los fabricantes de hardware y software; los gestores de redes (operadores varios incluidos los de cable y proveedores de acceso); los gestores de servicios (buscadores, empaquetadores); prestadores de servicios con responsabilidad editorial (sean lineales o no interactivas, o no lineales e interactivas como las plataformas) o sin responsabilidad editorial (Youtube, redes sociales). Todos ellos se sitúan por encima de los titulares derechos de distinto tipo de contenidos (derechos de Propiedad Intelectual y prestadores de servicios). Los usuarios o internautas, en cambio, han ganado en relevancia y capacidad de influencia pero no tienen el control.

Han emergido así en los últimos años dos centralidades nuevas: A) La centralidad y control ha pasado a los señores de las redes globales que gestionan la parte del “capital cognitivo” (inmaterial) vinculada a cultura y comunicación: son los proveedores de servicios (Amazon, Apple), plataformas (Facebook, Youtube), buscadores (Google), aparataje y software (Microsoft, Apple, Samsung) y operadores de TLC. En estos dos últimos hay más competencia y en cambio, entre los primeros hay cuasi-monopolios universales.

Los dueños de la capa física (cables, satélite, redes…) y de la capa lógica (gestores de la red y de sus protocolos con el poder inmenso de gestionar parámetros sustanciales de nuestras vidas: gustos, preferencias, búsquedas, contactos, archivos, privacidad) tienen las de ganar a corto sobre los gestores de la capa de contenidos (los gestores de los derechos de autoría, empresas editoras y programadores) que son los agentes de la comunicación profesional con calidad técnica y que hoy están a la defensiva .

Los señores de las redes se reapropian de la distribución del conocimiento, anteriormente gestionado por el capital cognitivo de las industrias, de los medias y de la propiedad intelectual. Hoy gestionan el flujo de intercambios entre millones de usuarios sin apenas límites regulatorios, no ya en los planos de pluralismo o transparencia sino, tan siquiera, desde el criterio de competencia. Esto tiene un efecto inmediato: reduce el lugar social de artistas, periodistas e industrias culturales, a cuyo cargo estaba la creación –con sus distintas calidades y la innovación. Los creadores disponen de muchas más herramientas y colaboraciones –de hecho hay más capital cultural potencial personal- pero, igualmente, más fragilidad para valorizarlas. Los gestores de las redes se convierten en gate-keepers no editoriales, mientras queda pendiente la redefinición del lugar social de cada cual y la continuidad de calidades y excelencias.

El peso de los media decae así ante la hegemonía de servidores, plataformas, operadores y constructores de hardware y dispositivos y, en parte, ante las otras fuentes sociales. Las plataformas, las redes sociales y social media les absorben espacio y compiten en el tiempo comunicativo social. Los centros de gestión de redes, en alianza temporal con los internautas en aspectos regulatorios, son marcos obligados para todos los agentes. Ha descendido así la potencia de los motores mediáticos al tiempo que se diversifican (prensa on line).

A estas alturas, y visto el gigantesco almacén de datos personales acumulados por Facebook o Google -cuasi monopolios en sus respectivos ámbitos- y que podrían aprovechar tanto para el espionaje como para la explotación comercial, parece necesario su paso a dominio público bajo la gestión de reguladores públicos estatales que cuiden de su buen uso y privacidad, tal y como lo explicaba Morozov.

B) Por otra parte, la interacción entre los usuarios en el ciberespacio dialógico, especialmente a través de los social media, se traduce en millones de/8 conversaciones y valores añadidos de quienes antes estaban condenados a acceder a lo que hubiera. Ahora se dan amplios espacios de no mercado; intercambios no monetizados; el rescate del mecenazgo micro (crowdfunding)…Los accesos se naturalizan como parte de las relaciones sociales.

Se produce así una abundancia tanto de producción amateur como de consumos productivos. Son contenidos transformados o generados por usuarios que, por compartición, pinchan una hipotética burbuja de la cultura e información de pago, negándose a pagar, al menos, por contenidos unitarios.

Por flujos y a impulsos -con movimientos similares a los de los bancos de peces (cardumen)- sus querencias son imprevisibles y los microliderazgos sociales apuntan en direcciones no convergentes. Ello multiplica las agendas. El ciberespacio dialógico, como nuevo espacio social y público insertado, añade agendas múltiples a los medias. La interacción social reestructura el sistema de información y, en ocasión de conflictos, puede imponer su agenda. Hay una omnipresencia de las redes sociales, con sus trend topics efímeros y con empoderamientos desde algunos ámbitos. Se multiplican los temas y centros de gestión de la Opinión Pública. Se produce su descentralización con la consiguiente dificultad para articular los discursos dominantes.

El usuario pasa de mero receptor a apropiarse de la tecnología y eventualmente a participar en la producción.

Se sitúa en el centro. Pero no dispone del control que queda en manos de otros.

El usuario gana en opciones -aunque más en los modelos públicos y comunales pero también en vulnerabilidad y dependencia.

La novedad es que hay una proliferación defensiva y paralela, pero no aislada, de experiencias de procomún y de economía compartida, con sentido del valor de uso. En un marco de dispersión de herramientas digitales, nos acercan a la noción antropológica de la cultura como construcción colectiva, con especial atención a la parte no mediada por el mercado, aunque sí por herramientas de uso general.

Esa dependencia difusa pero real es compatible con nuestro crecimiento en competencias ciborg de alta eficacia social. Esa contradicción invita a movimientos autónomos de software libre o de compartición. El hecho de poder disputar la definición de la propia tecnología es nuevo en la historia porque la aplicación general de la innovación siempre fue a iniciativa de los poderosos. Se trata así de un mecanismo social de pugna por el control con los dueños de las redes.

Con ello tenemos, al menos, tres tipos de agentes/1 en la base:

-el usuario convencional con sus microlíderes;

-los usuarios expertos con tecnologías y servicios alternativos (open source, Wikipedia, licencias libres…) que amplían cualitativamente los espacios de no mercado a escala local y global, hasta el punto de generar líneas tecnológicas específicas. Tal es el caso del sistema operativo GNU/Linux y del software de fuente abierta (open source); o de los softwares libres; o la cooperación en espacios de conocimiento (Wikipedia). Igualmente los instrumentos de búsqueda como el Open Directory Project, o la producción y archivos compartidos entre iguales (peer-to-peer) o la información sensible en claves de transparencia (Wikileaks), o los foros abiertos (slashdot), o las redes inalámbricas, o la Licencia Pública General (General Public License, GPL) para software libre, las web colaborativas…

-quienes utilizan las herramientas on line para la intervención política o social virtual y, sobre todo, off line. Como es el caso de los colectivos y movimientos sociales que devienen movimientos tecnológicamente activos.

Todo ello nos sitúa en una capacidad reactiva notable aunque insuficiente, vista la ya demostrada vigilancia preventiva a la que la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, con el programa PRISM, somete a nuestros correos, archivos y conversaciones. Y ello con la colaboración oculta de los amables servidores y plataformas como Facebook, Apple, Google, Twitter, Microsoft, Yahoo, Skype y YouTube que venden información a empresas y espían de parte de los Gobiernos de EEUU y de Gran Bretaña. Rinden así tributo a dos iconos de nuestra época: todo vale para el mercado y para la seguridad nacional.

Esos gobiernos contradicen la iniciativa propagandística del “free flow of information” abanderado por EEUU y Gran Bretaña en los años 70 a 80 frente al “Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación” (NOMIC) que propugnaba el informe McBride. Ahora se persigue a Edward Snowden o Julian Assange por ejercerlo en sus tres estrictos términos: libre, flujo regular transparente y buena información.

Hay una vulnerabilidad invisible de las sociedades, transformadas poco a poco en sociedades vigiladas y de control desde los poderes económicos-, tecnológicos y políticos, que pretenden, con la fidelización de los usuarios o con regulación y espionaje, disciplinar los usos de Internet.

Nos encontramos con una sociedad de control en el que partiendo del Panóptico de Bentham y Foucault (transparencia de los vigilados), se combinan el "1984" de Orwell (represión totalitaria del Gran Hermano) y/o el sistema de control por diversión, estratificación y droga narcotizante de ”El mundo feliz” de Aldous Huxley, metáfora que tanto vale para la TV como para una red absorbente. Para defenderse de todo ello no queda otra que la consciencia de los internautas; ocupando el ciberespacio y desbaratando los dispositivos del miedo o la vacuidad. Claro que también hay que acordarse de “Fahrenheit 451” (Ray Bradbury) y su reivindicación de una cultura digna y con memoria.

Se hace evidente, una vez más, la naturaleza política y social de la tecnología, en su doble rol de herramienta de gestión de la naturaleza y de construcción (o destrucción) social. La dominación política moderna es impensable ya sin la mediación técnica, productiva o institucional, en un doble proceso de politización tecnológica y de tecnificación de la política (Sadaba y Gordo 2005:13).

Solo recientemente los propios poderes políticos pretenden empezar a embridar parcialmente a los grandes agentes. Tal es el caso del acuerdo del gobierno de Francia con Google para que éste revierta socialmente una pequeña parte de sus ingresos. En cambio, por el momento en Alemania Google se niega a pagar por mostrar noticias y, en réplica, no indexará las noticias de medios alemanes.

1.5 Crisis de los media tradicionales

Hay que enmarcarla en los procesos de globalización/internacionalización de los 70, la liberalización de los sistemas públicos con concentración privada y formación de grupos de los 90, la financiarización de la década pasada (Almiron 2011) y la más reciente digitalización en accesos.

En el campo de la información, la crisis mediática añade un factor más: la inadaptación de la información -cada vez más dependiente de matrices empresariales ajenas al mundo de la información- y del periodismo a la sociedad actual y al cambio digital de usos.

En general, el periodismo vive malos momentos y el periodista aun peores. El buen periodismo ha sido expulsado de la información. El periodista multifuncionalizado trabaja para la edición escrita, multimedia, en red..; no puede atender como se debe a las noticias, vulnerados sus derechos profesionales en unos medios inadaptados a los cambios, desplazada la buena información por el exceso de opinión y la abundancia de columnistas, blogs o tuits.

A partir de 2008 se hundieron los ingresos publicitarios y bajó la difusión.

La difusión de la prensa ha caído un 20% en los últimos 5 años y la publicidad un 50%, con lo que –según @r_Culturales- ha caído un 40% los ingresos de los medios escritos principales. Han cerrado 67 medios entre ellos varios de prensa diaria como Público o algunos gratuitos, mientras se experimenta con la prensa digital y nuevas formas de viabilidad económica.

La independencia profesional de los periodistas, ya escasa, se ve amenazada por la precariedad e inseguridad laboral, en medio de una caída del negocio

En los últimos cinco años se estima que han desaparecido 11.000 puestos de trabajo.

El 60% de internautas leen las noticias en Internet. Pero a los medios digitales no les va mejor a pesar de que hay más lectores en Internet que en papel.

Los efectos son que hay un 15% menos de puestos de trabajo en los medios de comunicación que cuando comenzó la crisis según FAPE.

Como decía Juan Varela, la pregunta de las empresas debería ser: ¿qué valor añadido debería darle al medio escrito si el mismo contenido es accesible de modo gratuito por la red? Se han apartado del lector de nuevo tipo que también navega y coteja lo que lee en los distintos medios y exige más independencia informativa.

Notas

1/ En esta etapa de reapropiación del usuario hay, hasta el momento, al menos dos fases. Se ha evolucionado desde el unidireccional internet 1.0, del webmaster, al horizontal internet 2.0, de aplicaciones e información añadida por el Usuario (web 2.0, proveedor de contenidos, blogs, p2p, portales de videos caseros, participación). El usuario gana así en centralidad por sus interacciones que condicionan a oferentes de servicios y productos culturales. Estos, a su vez, para captar su atención -en una innovación turboalimentada- se centran en contenidos y contactos. Lo que será la web 3.0 aún es una incógnita en su práctica social.

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