ni vencidos ni desmemorias

NI VENCIDOS NI DESMEMORIAS

Solo han pasado dos meses desde que la declaración de cese definitivo de la actividad armada de ETA causara un auténtico terremoto político y social. Las elecciones generales celebradas un mes después, el 20-N, apuntaron también hacia un nuevo escenario institucional en España y País Vasco. Se ha abierto así un nuevo ciclo que requerirá nuevas actitudes de todos.

Con el cese definitivo de la violencia de ETA se acababa la penosa situación de un amplio sector de amenazados que desvivía en el miedo; se despejaba el obstáculo para unas relaciones sociales normalizadas aunque haya temas pendientes (víctimas, memorias, presos..); se eliminaba uno de los tapones para la canalización del cambio político que Euskadi espera y se ponía fin al bloqueo político general.

Parece haber varios factores encadenados para el cese de ETA y que no cabe aislar entre si. Sin duda, el desencadenante en el último tramo ha sido la persecución policial sobre ETA y la persecución judicial y la expulsión de la Izquierda Abertzale del sistema. Pero ello sólo hubiera tenido resultados acotados sin los otros factores.

En efecto ha sido determinante la oposición social general vasca, incluida la mayoría del mundo abertzale, a las acciones de ETA. El otro dato clave fue la decisión de la Izquierda Abertzale oficial de abrir, con la Declaración de Anoeta de 2004, otra etapa sin ETA y que tuvo que convertirse, a partir de 2007 -tras el atentado de la T4- en un órdago directo de Otegi y su corriente, asumir la dirección y exigir la jubilación anticipada de ETA.

Sin esos dos datos claves podían haber pasado otros 10 años de lucha armada agónica. Así que la versión de la pura victoria policial-judicial unilateral no se sostiene, aunque seguramente se habría producido en caso de continuar ETA unos años más.

O sea, no hay un solo factor sino varios encadenados. Pero, en mi opinión, el factor más determinante ha sido la posición social vasca enfrentada a la violencia: el desencadenante último ha sido la dureza sin medida del Estado en todos los frentes; y el agente decisor ha sido Otegi y su corriente en el empeño de lograr mayorías internas disuasorias para ETA.

En este proceso general no ha habido “vencedores y vencidos” sino estrategias fracasadas. Pero no sólo una, sino dos, y simultáneas. La del militarismo terrorista en el MLNV y la del empeño del Estado en ignorar y enterrar la cuestión vasca instrumentalizando a ETA contra cualquier consulta ad hoc, con lo que una guerra particular ETA– Estado se utilizaba como guión central de la relación Euskadi– Estado.

El discurso de “vencedores y vencidos” es insostenible por dos hechos: la retirada de ETA pone de nuevo a la orden del día la cuestión vasca cuando en el discurso del Poder se supone que desaparecería con ella; en lugar de hundirse la corriente más afín y que la soportaba se convierte en la primera fuerza vasca en escaños. Unos vencidos victoriosos.

 Se puede intentar explicar ese fenómeno de ascenso de la Izquierda Abertzale y del nacionalismo en su conjunto por un Síndrome de Estocolmo masivo. Pero la explicación está más bien en las sensibilidades sociales y en el hartazgo con las estrategias del avestruz de los partidos de Estado.

Se ha producido así otra cosa distinta al relato mediáticamente dominante de derrota-victoria.

En el caso de ETA, más bien se trata del fracaso de la estrategia armada en todas las variantes y ensayos. La acción armada complementaria a la electoral y a la lucha de masas ha resultado un fiasco práctico, si se exceptúan los casos de Lemoiz y Leizaran.

ETA fue perdiendo el sentido tanto del contexto político como de las relaciones de fuerza reales entre Estado, Sociedad y ETA. En las estrategias negociadoras siempre subía el listón más allá de lo razonable. El resultado ha sido quedarse sin listón y sin negociación, teniendo que ceder los bártulos a su izquierda política.

El mayor error de ETA, tras Hipercor fue la estrategia de “socialización del dolor” de años después (secuestros o caso Blanco). No iba contra el Estado, sino que absurdamente victimizó a la sociedad vasca entera en la expectativa de que el hartazgo aceleraría la negociación. El doble discurso de reclamar derechos conculcando otros, no era socialmente asumible.

Pero se fracasará en entender lo que ha sido ETA si se la ve como un fenómeno puramente criminal, mafioso o de fanáticos. Prácticamente en los 70 y parte de los 80 la de la izquierda abertzale fue ideología dominante en la sociedad civil, lo que quiere decir que sus valores eran compartidos.

¿Por qué ETA fue el catalizador de esa ola política ya desde finales de los 60 hasta finales de los 80?. Porque simbolizó la resistencia ante la imposibilidad de ejercicio de derechos colectivos durante el franquismo, o contra la decepción de la Transición ya en democracia. Ya empezó todo mal con la amnesia y la deseducación democrática de la Transición y la ulterior versión rebajada de un estado de Derecho con muchas manchas (abusos, torturas, cierres de dos periódicos,..) y déficits democráticos (suspensión de derechos electorales para un sector, imposible derecho de decisión).

Esa es también parte de la Memoria oculta que ha de aflorar de forma imprescindible.

Pero a partir de ahí la Izquierda Abertzale no puede justificar o minimizar una estrategia de ETA que siempre fue voluntaria: de dolor y muerte en una democracia todo lo empequeñecida que se quiera; de sociedad tomada como rehén y en estado de shock permanente; de chantaje político en claves de contra-Estado –paz por autodeterminación y territorio-…

Esta es la otra parte de la Memoria que deberá recorrer sola la Izquierda Abertzale, en sus dos vertientes, la política y la moral, para poder pasar de ser una comunidad anti-represiva y defensiva a una comunidad con vocación referencial y con agenda propia para el país.

Necesitamos todas las memorias. Ramon Zallo (El Correo 22-12- 2011)

Kafka en Kukutza

KAFKA EN KUKUTZA

Lo ocurrido con el cierre del centro cultural Kukutza, con una larga trayectoria de labor cultural y social y pegado a un barrio y a un sector juvenil, evidencia que algo ha funcionado mal en el engranaje institucional. En Berlin hubiera sido impensable ese cierre. El resultado, por el momento, es el peor imaginable: una razzia contra la cultura de base autogestionada, que nos retrotrae a otro Alcalde de Bilbao, Castañares, que en 1981 quemó unos cuentos que no le gustaban. Este otro Bilbao intolerante es también nuestra otra imagen.

 Kafka en Kukutza

El proceso ha sido kafkiano. Un local abandonado que perteneció a un narcotraficante, décadas después, con la colaboración municipal, vuelve a una empresa, Cabisa, vinculada a la promotora Castrum Varduliex, a la que un juez de Cantabria paraliza la construcción de unas viviendas previstas en Castro por manipulación ilegal del proyecto de reparcelación. Un edificio condenado, al parecer, a pertenecer a empresas del inframundo, y que se ha llevado por delante con el concurso institucional, un proyecto cultural original y exitoso.

Se ha invocado la propiedad privada, y es razonable; pero se oculta que fue obtenida de un pelotazo auspiciado por el propio Ayuntamiento de Bilbao que, en ocasión del Plan General de Ordenación Urbana de 1995 y, desatendiendo a la Asociación de Vecinos de un barrio maltratado que pedía un uso social, recalificó aquel suelo industrial como urbanizable para mayor gloria de Cabisa que lo había adquirido antes por dos perras (2,1 millones de € reza el valor actual en Hacienda). De esa tropelía municipal nace todo. La invocación de la sacrosanta propiedad privada sin límites sociales, no exonera de responsabilidades al Ayuntamiento. Con las otras instituciones podía haber  rescatado el edificio, sin daño ni lucro para el propietario.

A partir de ahí el engranaje. La empresa pide el desalojo; el alcalde que anda sobrado pierde el norte del otro Bilbao real y el Ayuntamiento otorga la licencia mientras ofrece a Kukutza solo una ayuda para una migración en alquiler a saber dónde; el juez confirma el desalojo solicitado por el Ayuntamiento -la orden de derribo está pendiente-; el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco hace de Pilatos, a diferencia del Departamento de Interior, que pasa a la acción contundente, “profesional y proporcional” según Ares, asolando Errekalde durante un día entero. A Kafka no se le hubiera ocurrido un proceso así.

Un cierto concepto de ciudad y de cultura

En la posmodernidad, se da prioridad absoluta, desde el nuevo concepto de branding y marketing de ciudades que compiten, a los centros de las ciudades en los que si bien y felizmente se recuperan espacios, se acumulan los equipamientos costosos, sin mucha cautela sobre su relación coste-rendimiento. También se da preferencia a zonas elegidas de desarrollo urbano, mientras otras quedan como periferias discriminadas. Es el caso de Errekalde. Los conceptos de equidad y de equilibrio se sacrifican a otras varas de medir la ciudad.

La estrategia cultural de todas las ciudades vasco-navarras en las últimas décadas ha sido fundamentalmente de equipamientos y eventos. Una estrategia cómoda para las autoridades porque ahorra tener que pensar en una estrategia cultural integral y, mediante edificación, el resultado es visible hasta para la posteridad. Donostia con Kursaal y Tabakalera; Bilbao con Guggenheim, Euskalduna y Alhóndiga a medio ocupar; Gasteiz con Artium (Auditorio y Krea paralizados); Irunea con Baluarte. A ello hay que añadir algunos eventos y festivales exitosos. Obviamente también se hacen otras cosas –cluster audiovisual, Eszenika,…- pero quedan en penumbra.

Equipamientos todos necesarios pero, a falta de un cuadro general y nuevas iniciativas, han sustituido a un proyecto estratégico cultural de ciudad o territorio. Bilbao/Bizkaia, por ejemplo, se ha dormido tanto en los laureles de la autocomplacencia, que no ha pensado en términos de futuro, y cuando ha empezado a hacerlo, solo se le ha ocurrido la repetición: otro Guggenheim y en lugar inadecuado. Posiblemente lo que falte sea reflexión sobre el tiempo actual. Quizás la larga crisis ayude a una mirada más productiva, creativa y micro de la cultura.

Como inciso, una reflexión política. Da la impresión de que el sorpasso que está en riesgo de sufrir el nacionalismo histórico responde a una inadecuación más general al espíritu de estos tiempos. Le está ocurriendo con el tema fiscal, o su falta de políticas ante la crisis, o la moderación autonomista, o el trato a Kukutza. Ello no hace previsible que, aquejados del mismo mal, los estatalismos de derecha o izquierda se beneficien. Y, en cambio, sí lo haga el nacionalismo de izquierda cuyo déficit programático es más que notorio, pero lo suple con conexión con las sensibilidades sociales. Nuestras élites o bien han perdido el norte en proyectos, o han perdido pie respecto a una ciudadanía decepcionada, o las dos cosas.

El Ayuntamiento no entendido que Kukutza es un vivero de creatividad a potenciar, y parte de eso que Richard Florida llama clase creativa como pilar de sus tres Ts: tecnología, talento y tolerancia. La tecnología se refiere a innovación; el talento a las personas en ocupaciones creativas, sean ingenieros, artistas o científicos; la tolerancia, a índice de presencia de bohemios, culturas, gays, contracultura etc. Todo ello configuraría un ecosistema que atrae al talento y potencia la creatividad. A pesar de las muchas limitaciones de ese modelo, rescata un concepto de cultura que va más allá de las expresiones clásicas en las que algunas autoridades se han anclado, para abrirse a nuevas expresiones creativas nacidas de mix y de encuentro social, especialmente útiles para nosotros los vascos, con identidad en construcción integradora de herencia y cambio.

¿Y si cambiamos el chip? Empecemos por rectificar y entender Kukutza como un bien cultural protegible. Ramón Zallo. Catedrático de la UPV-EHU