La dimensión sociocultural de la normalización y de la pacificación:

La dimensión sociocultural de la normalización y de la pacificacion: convivencia, construcción de la identidad vasca y del sujeto nacional en un cambio de época 

2006-10-23 Gernikan. Jornadas de Gernika Gogoratuz

Este final de época a escala de Estado puede entenderse como el final o – si no se cierra bien-como la crisis de la primera fase de la democracia española surgida de la Transición, y que hasta ahora ha estado marcada sustancialmente por dos elementos centrales: una democracia de baja calidad y la violencia de ETA. Esta última temática se supone que se reconducirá en el proceso de pacificación ya iniciado.

En cambio la normalización que está aún por iniciarse tendrá por objeto alguna clase de acuerdo y compromiso relativo al sujeto político y sus derechos, así como al marco jurídico- político. Como no se ha emprendido la revisión del sistema político a escala estatal, la normalización se sitúa solo en el País Vasco y Navarra, tras el insatisfactorio ajuste catalán, y versaría sobre el modelo de reacomodo de ambas comunidades, Euskadi y Navarra, en el sistema político de Estado, y de sus relaciones entre ellas.

Visto desde aquí la normalización sería el reconocimiento del pueblo vasco y de su derecho a la libre decisión, así como el ejercicio pactado de dicho derecho y la eventual reinstitucionalización que satisficiera la constitución del sujeto nacional, en principio dentro de un Estado plurinacional. Quizás esto se canalice en una mesa de partidos, o quizás no, y deba dilucidarse en una consulta, conflictiva o pactada, en la que Euskadi se pronuncie.

Desde luego se ha de evitar que se repita la situación de la última vez cuando las Cortes dieron el portazo al proyecto del Parlamento Vasco sin negociación alguna; y también evitar el precedente catalán por el que las Cortes han podido desnaturalizar el proyecto casi unánime del Parlament con el efecto conocido.

 Hay que distinguir entre procesos socio-culturales y procesos políticos. (Joseba Arregi, por ejemplo, los confunde sistemáticamente). En los procesos socioculturales debemos ser exquisitamente integradores. En los procesos políticos no son obligatorios los consensos, aunque sean siempre deseables. Cuando esos consensos no se dan en democracia se funciona por mayorías, sin miedo ni al debate ni a la discrepancia, y en su caso por consulta a las ciudadanías, y gane quien gane, aceptando todo el mundo el resultado de esas reglas. Cuando ha pasado una generación entera no parece que se hayan aplazar más las decisiones, ni que estas deban ser parches insatisfactorios porque se tenga miedo a la sociedad. A la sociedad no hay que temerla, a los partidos y a las estrategias políticas sí.

Pero no es de eso de lo que quería hablar sino del otro lado del proceso de normalización que es menos debatido y más subterráneo. Quiero tratar el tema de la normalización dentro de la propia sociedad, como premisa profunda para los cambios. Y ahí sí son obligatorias las actitudes integradoras.

 Entiendo la normalización social en tres planos diferenciados:

-primero, la normalización convivencial sobre la base de la reconstrucción de un tejido de valores y principios compartidos, tras el naufragio de la confrontación armada de un sector social con el Estado, incluyendo victimas inocentes, y tras la degeneración del Estado de Derecho en un marco de ”excepción democrática”;

-segundo, la compartición de unos mínimos comunes de la identidad cultural de los vascos y que tendría que identificar a una comunidad cultural –una y plural- y que habría de empezar por preguntarse qué es cultura vasca y su espacio de desarrollo, tema en el que me detendré en especial;

-y tercero, la construcción nacional entendida como la construcción política del sujeto nacional y de la identidad nacional desde un escrupuloso respeto a la democracia y a la regla de las mayorías en cada uno de los espacios jurídicos–políticos que organizan hoy Euskal Herria y respetando sus procesos particulares.

Esta ponencia solo tratará de esa normalización de índole social en esos tres planos: ético, de construcción cultural y nacional.

I.- El proceso de normalización en el plano ético

Una sociedad para funcionar necesita un mínimo de principios y reglas comunes. El respeto de la voluntad popular, la deslegitimación de la violencia, la tolerancia, el respeto recíproco, la libertad personal y colectiva… son elementos básicos de la convivencia pacífica y constructiva de la sociedad. Nosotros tenemos que revisar todo nuestro andamiaje mental porque el relativismo en torno al valor de la vida en un marco de utopías épicas de salvación fue mucho más allá de lo tolerable y deseable, como lo fue también el deterioro de los principios que hacen a una democracia respetable.

La futura erradicación y deslegitimación de la violencia así como la atención global a las víctimas, se han de integrar en el conjunto de los procesos de paz y de normalización y en directa relación con el desarrollo de la democracia y de los derechos humanos, tanto si se trata de la violencia radical frente al Estado y sectores sociales como de la violencia, “legítima” o no, ejercida desde el propio interior o los aledaños de los aparatos de Estado.

En ese plano hay dos temas centrales. Qué decir de las violencias. Y qué decir de la democracia.

Vamos a tener que repasar colectivamente que hablar de violencias, significa sobre todo verlo preferentemente desde el lado de las víctimas, y desde ese punto de vista siempre es negativa. Su existencia significa un fracaso colectivo, aunque mucho mayor para quienes la ejercen o amparan. La violencia lo corrompe todo e instala la doble moral porque condiciona el reconocimiento de unos derechos al cumplimiento de otros. Es más habrá que dar poderosas razones para justificar en qué casos y situaciones cabe recurrir a la violencia. La violencia política es ilegítima casi siempre, salvo en estado de necesidad imperiosa y cuando así ocurra, habría de responder a cuatro exigencias: legitimidad, justificación por los resultados, proporcionalidad y moralidad de los actos concretos. Y no es el caso hoy para ninguna de las violencias que aun no hemos erradicado.

Digo en plural, violencias, porque habitualmente se olvida que hay distintas clases de violencia, ilegítimas en la inmensa mayoría de los casos. En muchas sociedades, además de la violencia atentatoria contra la vida o la integridad física (asesinatos, torturas o guerras), están la violencia estructural basada en la injusticia tejida contra las condiciones de vida (la seguridad, el alimento, el espacio vital, la vida digna) y la violencia institucional basada en la conculcación de derechos (de expresión, de decisión, de libertades individuales, de representación). En los casos estructurales e institucionales, es su grado lo que convierte a un sistema en tolerable y mejorable o, en su contrario, en intolerable y erradicable.

Hay que ser absolutamente contrario a intentar justificar o comprender o subvalorar una violencia en la existencia de otras. No se trata de compararlas sino de rechazarlas todas y, desde luego, mucho más contundentemente la que trae consigo el hecho irremediable de la muerte. En nuestro caso, el legado de ETA en sus 40 años de actividad violenta con sus 800 asesinados y la amenaza contra miles ha sido la más brutal y dañina aunque también ha sido la más perseguida y castigada, mientras el manto de la impunidad ha seguido cubriendo todas las otras violencias.

El monopolio de la violencia otorgada al Estado puede tener sus ventajas pero ya se ha ejercido durante varios siglos y los resultados son graduables en abusos manifiestos y estructurales a la hora de administrarla o de amenazar con ella. Parece interesante sustituir la idea del monopolio de la violencia, por la de fundamentar la seguridad en la sociedad misma, en la búsqueda colectiva del bienestar común, en la filosofía central de seguridad para todos los amenazados de violencia y reservando la coerción al rol de último recurso, y no como la formulación de la esencia del propio Poder y de la Administración colectiva. En las sociedades maduras si el modelo de Rousseau tiene limitaciones, muchas más las tiene el exitoso y autoritario modelo de Leviatán de Hobbes que, hoy, encuentra un motivo para retroalimentarse en el islamismo radical.

En ese plano ético, la segunda cuestión es la de la democracia. Creo que el punto de vista moral es tan absolutamente preferencial y necesario como insuficiente para encarar los procesos sociales. En general sirve poco para convencer a quienes sacrifican derechos puesto que se justifican en que también se consideran víctimas. Ese punto de vista se debe completar con el punto de vista político (entender los procesos políticos que subyacen y vaciar mediante la mejora de la democracia misma el agua de la piscina en la que nadan las violencias) y el punto de vista social (generar marcos de convivencia y sociedad entre sectores distintos mediante unas reglas comunes aceptadas).

Con esa mirada triple, no se trataría de hacer el modelo deseado por quienes ejercen violencia –cediendo a su chantaje, paralelo al del inmovilismo- sino de hacer el país que queramos todos, con la esperanza añadida de que, en ese marco, se puedan desactivar las violencias y las conculcaciones de derechos.

O sea, los puntos de vista no han de ser solo el “deber ser” sino también el político –una participación e integración política que haga posibles todos los proyectos que alcancen mayorías- y de construcción de una sociedad articulada, plural y con capacidad de gestionar sus inevitables conflictos.

Se requieren compromisos de los agentes políticos con:

- los medios exclusivamente pacíficos, democráticos y ello se traduzca en el cese definitivo de los atentados y extorsiones;

-un cambio de la legislación penitenciaria e, independientemente de ello, con el acercamiento inmediato de los presos a sus lugares de origen y aplicando la legislación penitenciaria con criterios humanos;

-la garantía de las libertades democráticas básicas para todas las personas y colectivos, incluido el de organización política.

- la seguridad en libertad, la persecución de los delitos desde el Derecho justo (no torticero), incluyendo la reforma de la legislación que facilita los malos tratos y las torturas (la incomunicación…);

 -el desarrollo de medidas de reconocimiento del daño, dignificación de la memoria, solidaridad, reparación y justicia, para todas las víctimas de la violencia, entendiendo por víctima, a todas las personas que han sufrido la violencia de forma directa (víctimas directas o familiar de personas afectada) ya hayan sufrido la violencia de ETA, de la kale borroka o del GAL, o las víctimas de actuaciones ilegales y/o arbitrarias de los cuerpos de seguridad del Estado.

Los colectivos de las personas que han sufrido las consecuencias de la violencia y sus familiares tienen también derecho a que se escuche su competente voz en la construcción de la paz. Ello no debe traducirse en que puedan o deban administrar unas hipotéticas medidas de gracias o beneficios penitenciarios o en que puedan exigir un arrepentimiento público de los victimarios como requisito imprescindible para aquellos, o en que administren la agenda. Eso es competencia de la representación ciudadana.

Asimismo tampoco habrá proceso de paz y de deslegitimación de la violencia sin el inicio de otro proceso, paralelo, de normalización y de cambio democrático o, dicho de otro modo, de oportunidad para el cambio si así lo decide la mayoría.

En suma, la deslegitimación de la violencia no vendrá solo de la justicia y de la educación ética – y en este plano el papel del sistema educativo es grande- sino también del desarrollo de la democracia y de la participación de todos los colectivos sociales, sin vencedores ni vencidos, en unos valores colectivos compartidos desde la memoria de lo acontecido.

La reconstrucción de los valores cívicos va a ser lenta. Habrá de esperarse a otro momento más maduro –cuando se dé una pacificación total, una actitud social reflexiva, un consenso sobre la noción de víctima, una cierta madurez en el debate político- para la creación de una imprescindible Comisión de la Verdad plural e independiente. No debemos caer en la amnesia, mal tapando una fea historia de la que tenemos que aprender todos para no repetirla. Tendría que crearse con el máximo consenso social y, tras escuchar todas las voces y esclarecer causas, responsabilidades y efectos, elabore una Memoria de revisión crítica y autocrítica del pasado y un código ético colectivo.

II.- Proceso de normalización en el plano cultural

Un concepto amplio de cultura vasca significa entenderla como el resultado de tres aportaciones “En primer lugar, y es la matriz central, la cultura nuclear heredada. En segundo lugar, las culturas asimiladas como propias. Y en tercer lugar, la cultura de la ciudadanía vasca actual y en su conjunto. De la primera se derivan una historia idioma, símbolos, instituciones, arte, modos de vida en evolución… De las segundas se derivan el enriquecimiento y otros idiomas. De la tercera la diversidad, la síntesis y redefinición constante” (Plan Vasco de la Cultura 2004). Sería siempre una cultura en construcción y no una cultura à priori siempre repetida.

Es más, cultura vasca sería traducible por Euskal Herriaren Kultura, de la que una parte muy importante y fundacional sería Euskal Kultura (la cultura vasca en euskera); otra parte sería la que se expresa en erdera; otra la que tiene lenguajes que no son de lecto-escritura (artes visuales, expresión gestual, corporal, música….) y, en sentido amplio, todo el conjunto de conocimientos, saberes, patrimonios y destrezas que conforman nuestro capital humano colectivo.

Es ese mix (y no un ideal) el que hace, hoy, a la cultura vasca específica y distinta a la cultura española o francesa, aunque esté muy influenciada por ellas y, por ello, tiene todo el derecho a desarrollar su “caja de herramientas” de forma integral y en respuesta a los retos sociales en la era post-industrial. Lo específico no es solo la cultura nuclear heredada, aunque sea lo más diferencial. Específico y diferencial no son sinónimos. Lo específico es lo que hoy ya somos.

Si hubiera que hacer un listado de problemáticas pendientes en el plano cultural apuntaría:

- la concertación sobre el concepto mismo de lo que es cultura vasca, el equilibrio entre memoria y construcción cultural vigente, y su corolario, la diferenciación entre construcción cultural y comunitaria y construcción política.

-el déficit en contenidos, siendo preciso generar un tejido cultural y comunicativo espeso que evite ser meros compradores y receptores de productos culturales y comunicaciones ajenas y globalizadas.

-la superación de los perversos mecanismos de la diglosia sociolingüística desde la libertad y la integración.

-Los problemas relacionales de Euskal Herria como espacio comunicativo y cultural

-la integración cultural de la inmigración

a)       Los problemas internos de integración cultural.

Una comunidad se define por las formas de vida y la identidad cultural (heterogénea y cambiante pero identificable). Es también un sujeto histórico y de derechos (culturales y relacionales). Y ello por anclajes tanto en la historia identitaria y comunitaria en gran parte compartida (ancestros, cultura, idioma, relaciones, conflictos, un reino común de dos siglos, guerras carlistas, proyectos estatutarios…) como en las relaciones sociales vigentes (culturales, idiomáticas, económicas, inmigración interna, instituciones sociales, sindicales o partidarias compartidas, ideologías, contactos regulares, sistema mediático parcialmente transversal, simbología, deporte, folclore…). Pero es también una cuestión de percepción subjetiva de las mayorías. Y ahí hay un trecho que estos años de plomo no nos han permitido recorrer.

No hay aún una identidad común compartida. Por orígenes y sentimientos, aún no se han acordado las bases de la identidad vasca moderna. No hay aún un concepto común de la cultura y la identidad vasca entre la ciudadanía vasca. Hay así aún problemas de delimitación e identificación social. Pero es una identidad en construcción.

No tenemos un choque de identidades, felizmente. Ciertamente, hay distintas sensibilidades culturales o políticas pero institucionalmente, en leyes educativas o de normalización, o en las decisiones culturales y del sistema de comunicación, se han resueltomediante consensos muy amplios, de forma satisfactoria y con mucha prudencia; incluso con timidez, y que ha traído una percepción tolerante de la cultura y las culturas. Quizás lo esencial sea que los distintos sectores, además de muy mezclados, se aceptan mas o menos como son, en la voluntad de vivir juntos y a pesar de las diferencias identitarias o de percepción nacional o de pensamiento.

La sociedad vasca de la CAV ha dejado abierto que, por un lado, los sistemas educativo, comunicativo y cultural definan lentamente la identidad común pero continuadamente, casi para la siguiente generación, de forma pacífica, proactiva ymediante consenso y desde la discriminación positiva sobre la parte de cultura maltratada por la historia; y, por otro, a que la libertad personal, en un cuadro relacional social abierto, fije el menú particular de ingredientes identitarios en un sentido u otro. Pero lo político y la violencia han interferido negativamente en ese proceso.

Insisto en que esa aún débil vertebración comunitaria, identitaria -por lo variada que es y en proceso de construcción, pues los vascos aun no hemos acordado los perfiles de lo colectivo- no es incompatible con una fuerte articulación social, en la que las tramas de la sociedad civil son muy potentes, plurales, mestizadas e influyentes y en casi permanente y variada movilización por problemas colectivos. La creencia colectiva en los valores de la democracia y en el juego democrático de mayorías y minorías, así como un sentido cívico bastante desarrollado –contrariamente al estigma de “primitivismo” que nos han colgado quienes identifican racionalidad política sólo con Estado- son bases que dan confianza en la tarea de correlacionar sociedad y comunidad. Ello nos ha salvado en los años duros.

En nuestro caso, quien hace el engarce entre comunidad y sociedad ha sido una “sociedad civil” (movimientos sociales, instituciones privadas y sociales, redes críticas, Iglesia, agentes activos…) potente, respetada y muy porosa; con una densidad asociativa importante, con niveles de influencia significativos que fuerzan en algunos temas a ámbitos de gobernanza en red o compartida entre instituciones y ámbitos de sociedad civil.

Tenemos una sociedad muy estructurada, bastante progresista, con unos niveles de sindicación o de participación política muy altos si los comparamos con la mediaespañola o europea, y muy alejada de los tam-tam tribales. Con todo, no hemos sido inmunes a la polarización política. Todo lo contrario.

Sin embargo esa madurez colectiva en el plano social no ha resuelto la identidad comunitaria básica en lo relativo tanto al cuadro genérico de la identidad cultural como de la identidad nacional.

Se ha de evitar confundir cultura –un hecho objetivo- e identidad personal. Alguien que se sienta vasco y español, por ejemplo, no debe tener ninguna dificultad para saber que una cosa es la cultura vasca y otra la española, aunque esa persona haga en su cabeza un mix perfectamente legítimo y realizable de ambas, y entienda su identidad personal como una identidad mestiza que todos deben respetar. Pero no es de eso de lo que hablamos sino de la especificidad de las culturas en la diversidad.

Ello significa un desarrollo cultural consensuado. En principio la desaparición de expresiones violentas extremas puede ayudar a desbloquear energías, de no poca gente hoy absorbida en los vericuetos de la promoción o gestión de los “contenciosos”, y que podría proyectarse en el futuro hacia campos más amplios, constructivos y creativos.

Insisto en que el punto de vista defendible es concebirse como una cultura diferencial que aspira a integral, o sea que tiene todas las herramientas para generar comunidad y sociedad desde una cultura específica y común, y con una historia propia. A partir de ahí, unos sectores podemos pensarla como específica, integral y distinta, y otros la entenderán como específica, integral o mezclada (parte también de otras culturas, española o francesa, entendidas igualmente como amalgama).

Desde cualquiera de los dos planteamientos cabe ver que está interrelacionada con otras (que en parte están interiorizadas en nuestra propia cultura específica) y, sobre todo, que desde una actitud firmemente propia y amplia, debemos hacer nuestra lectura de todo. Nadie nos debe ahorrar el esfuerzo.

Con los únicos que será difícil establecer un itinerario común es con quienes piensen que nuestra cultura es una variante de las culturas española o francesa, a la que se atribuiría el papel de tronco central, mientras que a contrapelo de la era de la diversidad se le atribuye a la cultura propia el mero papel de valor complementario añadido, local, o de plus superpuesto (vernáculo o folclórico). Cabe exigir de los menos vasquistas que no conviertan a la cultura vasca en una caricatura atribuyéndole el rol de mero apéndice de la cultura oficial del Estado español o francés.

b)      una cultura minoritaria en un mundo global y en un Estado Plurinacional no reconocido

Las comunidades que no hagan una apuesta estratégica por La Cultura y su propia cultura, y no se inscriban ventajosamente en los circuitos tecnológicos, creativos, productivos y redes de relación e influencia, aprovechando sus propios recursos expresivos, van a sufrir deterioros progresivos. No van a poder compensar la triple presión de la cultura transnacional, de los flujos planetarios y de la cultura hegemónica de Estado que viajan con singular preferencia dentro de las nuevas autopistas, redes y canales.

Las tensiones a las que son sometidas las miles de identidades culturales en el marco de la globalización producen en aquellas que han generado una autoestima por lo propio unas reacciones defensivas primero, y de desarrollo después, que coadyuvan a poner en primer plano la cultura en sus distintas vertientes: lengua, patrimonio y tradiciones recibidas que otorgan diferencialidad; nuevas producciones culturales que recreen y actualizan la cultura propia y generan socialidad; amplia difusión con una estima social de lo propio en sociedades exigentes que cotejan calidades porque también tiene acceso a ofertas internacionalizadas. Para que esto sea así, por fuerza las culturas han de ser abiertas e influibles, haciendo cada una de ellas un mix propio..

Y, desde luego, no es posible el desarrollo de la cultura heredada, de la creación, de la producción y de la difusión sin una estructura económica capaz de producirla -hasta el punto de configurarse como un sector productivo especializado y rentable- y sin una política cultural capaz de orientarla y estimularlamediante intervenciones puntuales o estratégicas tratar de incidir sobre un determinado sistema cultural.

La globalización en curso viene acompañada de fuertes procesos de librecambio y de un proceso de digitalización del conjunto del sistema, lo que reduce crecientemente la capacidad y eficacia de la gestión de las políticas culturales tradicionales en todos los países. Y si es un problema para todos, mucho más lo es para la cultura de un país pequeño, y obliga a una vuelta de tuerca en profundidad en muchos planos.

La cultura de un país pequeño, con una cultura minorizada en su vertiente lingüística, y en las condiciones de un mercado acotado y de unos marcos institucionales con limitaciones, en tanto el Estado Español no se reconoce a si mismo como Estado plurinacional, carece de capacidad de retroalimentarse mediante automatismos culturales. Hay además un problema de economías de escala. El pequeño tamaño de nuestra cultura -en contacto con culturas más poderosas y que la impregnan- y en una época marcada por la globalización de las comunicaciones, de las finanzas y de las influencias, condiciona la viabilidad y coste de las apuestas culturales.

En la UE ya es un sector con 7 millones de empleos, y con un 4 % del PIB. En el Estado español en el 2004 (según el Ministerio de Cultura) había 500.000 personas empleadas en el sector, habiendo conocido un incremento del 20% entre 2000 y 2004, y existiendo nada menos que 60.000 empresas y un volumen de negocio de 30.000 millones de euros. Euskadi es la 2ª comunidad –tras Madrid- de mayor gasto doméstico en Cultura, casi 300 euros por persona y año, y sin embargo su tejido productivo cultural es muy limitado con un nivel de importaciones gigantesco que, al estar muy descompensado, desplaza crecientemente a elementos de la cultura propia mientras se estandariza y homogeneiza, en perjuicio de la identidad colectiva. Tenemos el doble riesgo de la veneración y momificación de la cultura del pasado y/o del deterioro como cultura viva bajo la oleada de productos y bienes culturales ajenos.

Son imprescindibles un constante ejercicio de voluntad institucional y colectiva, en forma de políticas culturales activas, y una acción constante de los agentes y de una sociedad civil alertada. Como ven, todo esto no lo comento ni en clave plañidera ni de traslado de culpas al exterior como mecanismo de exculpación propia. Al contrario. Saber donde estamos y lo que somos -pequeños, emprendedores y con problemas de convivencia- es un ejercicio de realismo útil para sacudirse rutinas y tomar los caminos más acertados y consensuados. O sea no hay que echar balones fuera, la responsabilidad del Estado ahora mismo es bastante inferior a la nuestra enponer los medios estratégicos adecuados.

Las comunidades minoritarias con fuerte identidad política, tienen que asumir los retos informacionales y culturales, justo cuando están reconstruyendo la colectividad, el sistema cultural de referencia, el sistema político, las claves de convivencia, las relaciones con otros países, las economías,… Inevitablemente lo hacen en desventaja; teniendo que abordarlo todo al mismo tiempo, y en un momento en que los Estados, que ya construyeron su esfera pública a lo largo de dos o tres siglos, abordan desde ese sólido anclaje las exigencias de la sociedad informacional o digital.

Económicamente el sector es prometedor si apostamos por la materia gris, por la innovación y la creatividad, si apostamos por nosotros mismos y nuestro conocimiento y por la doble tesitura de construir la cultura y la economía, en la era del conocimiento aunque no todos los responsables políticos y económicos terminan de entender la gran utilidad de la inversión en cultura para preparar el futuro tanto de la cultura como de la economía misma.

Cada país debe saber cuales son sus puntos más fuertes.

-Como puntos fuertes indicaría, por un lado, un saber hacer cultural moderno, sobre todo desde el siglo XIX, incluyendo la vinculación a las vanguardias europeas; una estima por lo propio y con herencia inmemorial; una experiencia industrial y tecnológica significativa; un sistema educativo de cierta potencia; una importante capacidad de apoyo institucional a la cultura vasca, la cooperación interinstitucional, así como la posibilidad de concertación entre los agentes y de implicación de una sociedad civil que es muy activa y la asunción del fenómeno migratorio en términos de respeto y de ciudadanía inclusiva.

-Pero tenemos problemas: carecemos aún de una visión común de lo que es cultura vasca, de sus contenidos y de su desarrollo; la producción cultural propia es pequeña y el número de agentes y empresas también; el limitado uso del euskera supone un acotado desarrollo de la euskal kultura; las mejores perspectivas profesionales de los creadores e intérpretes en otros lugares con economías de escala, nos desertizan en parte culturalmente; salvo en la producción en euskera, es dominante la oferta foránea.

 Necesitamos revisar nuestro sistema educativo a la luz de la formación cultural, la especialización artística y el reciclaje, haciendo más culto y creativo este país; necesitamos más personas dedicadas a la cultura y mejorar el apoyo y los incentivos a los creadores facilitando que se pueda atender con calidad a la inmensa demanda de materia gris de nuestras sociedades; como carecemos de suficiente economía de escala necesitamos pensar nuestra producción simultáneamente hacia adentro y afuera y complementar la querencia por las redes, infraestructuras, tecnologías, plataformas y herramientas con la apuesta creciente por los contenidos, servicios, aplicaciones y usos reales…

No parece que haya que hablar en términos casi agónicos de “salvar la cultura vasca”. Nos equivocaremos si ponemos los medios para un inexistente rescate in extremis cuando de lo que se trata es de ponerle al barco colectivo buena flotación y estabilizadores, un motor potente, unas estancias de clase única confortable y comunicada y le alimentamos con el combustible de la formación, la creatividad, la identidad, la euskaldunización y el conocimiento. No es fácil, pero podemos hacerlo si todos vamos, mas o menos, en la misma dirección y no hay demasiados conflictos a bordo.

Algunos de los grandes retos de la política cultural y comunicativa en Euskadi son los siguientes:

a)       Apuesta por la creatividad, la calidad de la producción cultural propia y de los servicios culturales.

b)       Impulso del desarrollo de la cultura en euskera

c)       Desarrollo del sector cultural como estratégico con especial incidencia en las industrias culturales

d)       Actuar con intensidades distintas pero en todas las fases de las cadenas de valor

e)       Apuesta por las artes primarias (literatura, artes escénicas y musicales ) como base para el conjunto del sector cultural.

f)         Preservación y difusión del patrimonio cultural vasco.

g)       Impulso a medio plazo de un sistema comunicativo suficiente y equilibrado

h)       Animar incrementos de la demanda de actividad cultural y de nuevos públicos interesados por la cultura.

i)         Proyectar la cultura vasca en el exterior.

j)         Gestionar el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en todos los ámbitos culturales comenzando por la digitalización de los patrimonios y acabando en la producción específica, redes potentes con feed back cultural y el acceso en los distintos formatos digitales.

c)       Euskal Herria como espacio cultural

 Más allá de las estructuras sociales, políticas o administrativas, Euskal Herria es la comunidad de los vascos, o vasco-navarros –tanto da- y que se define por unas formas de vida y de identidad cultural, heterogénea y cambiante, pero identificable. Euskal Herria es también un sujeto histórico de derechos culturales y relacionales. Y ello por anclajes tanto en la historia identitaria y comunitaria en gran parte compartida (ancestros, cultura, idioma, relaciones, conflictos…) como en las relaciones sociales vigentes (culturales, idiomáticas, económicas, inmigración interna, instituciones sociales, sindicales o partidarias, ideologías, contactos regulares, deporte, folclore…).

El ámbito territorial del espacio cultural vasco es de una evidencia histórica incontestable pero encuentra dificultades de tipo político para expresarse y vertebrarse, incluso en el plano estrictamente cultural. La hostilidad del jacobinismo francés en relación al euskera y de la derecha navarra respecto a todo lo vasco, y cierta confusión entre lo cultural con los proyectos políticos en el caso de los nacionalismos, han contribuido a ello.

Ese espacio cultural común es más construible si no se le confunde con un proyecto político. Y solo así será posible desarmar las fuertes resistencias políticas a cooperar en cualquier plano.

Creo que habría que pedir sensatez para que no se aborde la cuestión del espacio cultural y comunicativo vasco, de Euskal Herria en su conjunto ni como una entelequia inconveniente a los intereses de algunas élites culturicidas por ejemplo del navarrismo de derechas ni como un espacio puramente de proyecto político en el que la cultura es solo la excusa para viabilizarlo.

Cabe un enfoque pacífico. Se ha de entender Euskal Herria, País Vasco o Vasconia desde un punto de vista histórico, cultural y de identidad. Este ámbito amplio –una nación cultural- abarca tres ámbitos sociopolíticos y jurídicos como son la Comunidad Autónoma de Euskadi o del País Vasco –tal y como se le denomina institucionalmente–, la Comunidad Foral de Navarra y el País Vasco de Francia o Iparralde que, entre todos, comprenden siete territorios.

Si por Euskal Herria se entendiera no unos territorios sino un pueblo, el Pueblo Vasco, (o vasco-navarro si se quiere) cabría sumar a los centenares de miles de vascos y navarros de la “diáspora”, especialmente numerosa en el resto de los Estados español o francés, América Latina o EEUU.

El modo de abordar la historia y la cultura, que es en gran parte común a toda Euskal Herria, no debería estar sujeto necesariamente a las fronteras y comparticiones que los avatares de una historia política difícil han moldeado. No renunciar a la historia y espacio comunes, que están más allá de las estructuras administrativas, significa acotar ámbitos, establecer su relación con lo político en términos de respeto para cada espacio, proponiendo una metodología de desarrollo temático acorde con esas premisas.

Por un lado, es un término que define un espacio histórico, cultural, lingüístico e identitario, una entidad histórico-cultural, que con sus diferencias de desarrollo territoriales, comparte una parte significativa de patrimonio, arte, cultura, idioma e historia, así como un espacio prepolítico. Pero, hoy al menos, no define un espacio político institucionalizado como tal, una nación política para el conjunto de los territorios, puesto que la inexistencia de una estructura política colectiva, no es compensada por unas mayorías políticas que vayan en esa dirección en dos de los tres ámbitos y que pueden entender los lazos culturales (nación cultural) pero no un proyecto político común (nación política), hoy por hoy. O sea, hoy –y la escuela no es la herramienta para el cambio- lo que hay es un espacio identitario, cultural y relacional, y tres espacios políticos diferenciados (Euskadi, Navarra e Iparralde) con sus sociedades y costumbres moldeadas que sólo –y es una hipótesis- bajo experiencias positivas de encuentro, podrán llegar a revisar su fragmentado estatus político actual.

Más allá de las estructuras políticas o administrativas, también está pendiente de la percepción de casi todas las sensibilidad de la colectividad que Euskal Herria es la comunidad de los vascos (o vasco-navarros). Un espacio cultural. El Nosotros cultural es promesa de “nación cultural”, pero carece aún de los mimbres de un proyecto nacional con base social y política suficientemente compartida en toda Euskal Herria. A finales de los 70 se tuvo la oportunidad respecto a Navarra, pero realidades sociales, errores propios, oportunismos ajenos y especialmente la violencia disgregadora hicieron el trabajo de la creciente separación respecto a las ilusiones que legítimamente pudimos hacernos muchos desde finales de los 60 al compartir luchas y diseños en Hegoalde.

 Con todo hay que ser conscientes que los ingredientes de cualquier proceso de fortalecimiento de esa comunidad cultural son la paz; la ampliación y estrechamiento de relaciones idiomáticas, culturales, institucionales, deportivas, empresariales, asociativas, universitarias; los proyectos comunes entre entes e instituciones públicos y privados; la gestión razonable de las diferencias; saber que son procesos a largo plazo…

Es posible cooperar, en condiciones de igualdad y mutuo respeto, en todos los planos culturales, sociales y económicos, incluso generando un mercado cultural con intercambios internos fluidos y fomentando un modelo cultural en red de la CAV, Navarra e Iparralde. Eso favorecería también los acercamientos políticos.

d) la diglosia

El euskera es una de las bases centrales de la cultura vasca, además de ser la lengua propia de los vascos.

La estrecha interrelación entre euskera y cultura vasca hace que el futuro de la cultura vasca dependa tanto del euskera como de un desarrollo cultural global en todas las temáticas de creación, producción y difusión de la cultura vasca cualesquiera que sean sus expresiones lingüísticas; y, desde luego, el futuro mismo del euskera precisa del fortalecimiento de la cultura en todas sus manifestaciones. Es una apuesta doble y no se concibe la una sin la otra.

Dado el pequeño tamaño del país y su acotado porcentaje de bilingües, las economías de escala de los productos culturales en euskera son menores que las de los productos culturales en castellano o francés, por lo que exigen una especial atención pública en su difusión y fomento.

De todos modos, sigue sin estar normalizado en su uso mientras convive con idiomas que sí lo están y que –por su conocimiento general– no requieren de fomento especial. Es más, todos los vascos, según su lugar de residencia, hablan castellano o francés pero, en cambio, no el euskera. Hay así vascos euskaldunes (vascoparlantes) y vascos erdaldunes (sólo hablantes en otro idioma, como el castellano o francés, o no vascoparlantes).

Para ello, son convenientes algunos nuevos apoyos legales (política razonable de cuotas en los medios de servicio público omediante concierto, incentivos fiscales en los privados) o la especial atención en los desarrollos tecnológicos en torno a las industrias de la lengua y la difusión o la animación sectorial y en la vida cotidiana de su utilización.

e) El reto de la iInmigración

La cuestión de la inmigración y sus mestizajes iludibles ha de abordarse de manera gestora. O sea, ni en absurdas claves xenófobas ni en claves de desentendimiento.

Se ha producido una tercera oleada inmigratoria trabajadora, aunque en mucha menor cantidad que las que nuestro país vivió a finales del XIX y amediados del XX, pero de culturas más diversas. Mucha de la nueva inmigración viene para quedarse. Además de contribuyente demográfica a una comunidad en fuerte envejecimiento, es también una neta contribuyente laboral, económico-fiscal y cultural. Hay que partir de ese respeto y agradecimiento.

Pero facilitar los procesos de integración mutua requiere una observación permanente y unas políticas activas y progresistas que acoten, suavicen y canalicen los reales problemas de encaje social y cultural que se producen, buscando evitar los ghettos –como se están visibilizando en Francia-. Aceptar el mestizaje, el tratamiento igualitario, la protección de sus derechos y el respeto de sus culturas es condición para una visión amigable por su parte de la nuestra, ofertada además en claves de integración y no de asimilación y, desde luego, sin perder terreno sobre los esfuerzos logrados en los últimos años, lo que supone también promocionar la cultura vasca y, dentro de ella, la euskal kultura.

La tendencia de la inmigración a utilizar la lengua dominante (erdera) es comprensible. Con todo, la ciudadanía vasca siempre ha valorado muy positivamente que la vieja o nueva inmigración se ponga en contacto con el euskera, lo que facilita procesos de integración y de interculturalidad ciudadana. La plena integración de las personas que provienen de países extranjeros, en su mayoría jóvenes, exige adoptar nuevas iniciativas para su socialización, incluido un acceso fácil y natural al euskera.

Es verdad que llega esa oleada antes de tener resueltos los temas de la normalización sociolingüística y en ese específico aspecto es un problema añadido que requiere un tratamiento especifico y atento.

Sin embargo, en el plano idiomático, las mayores esperanzas deben ponerse en la inmigración muy joven o en la descendencia. Los descendientes de las oleadas de inmigración del pasado asumieron la condición de vascos y la gran mayoría ha ido aprendiendo el euskera como el resto de niñas, niños y jóvenes.

III.- Proceso de normalización en el plano del sujeto nacional

Dos comunidades nacionales en Euskadi?. El discurso mediático mayoritario de estos últimos años se empeñaba en mostrar dos comunidades: una vasquista y nacionalista, y otra españolista o no nacionalista y constitucionalista, y al 50%. Incluso en sordina se identificaba la primera comunidad con los oriundos, y la segunda con las generaciones derivadas de la inmigración; y desde ahí se dibujaba una sociedad vasca fracturada y confrontada por sus identidades y por el acoso de ETA y, en los análisis más paranoicos, a hablar de acoso sobre el 50% no nacionalista de la sociedad. Esta tesis era un falso e interesado sofisma. Si eso hubiera sido cierto, ETA habría sido la vanguardia armada de una mitad, y la salida de la situación una confrontación civil interna que hubiera acabado con una suspensión de la autonomía.

Ese no es el escenario real de la sociedad vasca. No existen dos comunidades ni se da una confrontación social mimética a la que se da entre las fuerzas políticas. La negativa a ese cuadro ha sido posible por el importante mestizaje social vasco y por la madurez política.

Las naciones políticas son fenómenos de producción de sujeto como efecto de una voluntad colectiva mayoritaria y persistente ya le preceda un Estado que la crea, ya lo construya una movilización social continuada.

No hay atajos en un marco de legitimidades democráticas. No hay nación sin voluntad ciudadana ni instituciones representativas que lo quieran.

Sin embargo la estructuración institucional y económica diferenciada de siglos, los modos de vida, la visión autocentrada… de Iparralde, Navarra y Euskadi como espacios organizados, han generado sociedades que se perciben a si mismas como diferenciadas entre sí. Se entiende aquí por sociedad un modo organizado de la vida social e institucional, aunque haya un halo comunitario, cultural y relacional superior.

Hoy, políticamente, en dos de los tres espacios políticos, las mayorías no se ven a si mismas como una nación política con un proyecto común nacional con los otros territorios. Y todo ello como resultado de lo antes descrito y de las apuestas diferenciadoras de sus élites dominantes (y visto el continuado voto popular, con cierto éxito).

Hoy se tratan de tres realidades políticas, sociales y económicas diferenciadas con proyectos políticos no comunes que hacen que Euskal Herria se estructure desde tres espacios sociales y políticos -con su vida propia en problemáticas, sensibilidades y mayorías políticas- y organizadas desde tres ámbitos jurídico-políticos independientes entre si (en el caso de Iparralde sin personalidad jurídica propia, y en otro Estado). Entender que eso es asi es esencial, incluso para cambiarlo.

El sujeto nacional está en construcción desigual, con procesos, ritmos distintos y siempre desde el concepto de ciudadanía, lo que significa que los procesos serán más lentos y distinto Navarra y con Iparralde y no necesariamente con un final inequívoco puesto que depende de la voluntad de cada sociedad.

Y en la CAV el sentimiento nacional que siendo mayoritario no hay que confundirlo con el nacionalismo que es una ideología que legítimamente busca hegemonizar ese sentimiento pero no lo representa por entero. Ni muchos menos.

Encuestas continuadas sobre la Identidad Nacional subjetiva de los vascos de la CAV sobre el eje vasco-español.

Sociómetro Vasco (para Lehendakaritza) y Euskobarómetro

  SV

1995

SV

 1999

EB

1999

EB

2003

SV oct. 2003 SV octubre 2005 EB

mayo 2006

Solo vasco 30 31 31 29 30 32 33
Más vasco que español 16 15 20 25 17 13 25
Tan vasco como español 36 35 34 33 35 34 30
Mas español que vasco 5 4 3 6 6 4 4
Solo español 10 6 7 4 5 8 3
NS-NC 4 7 5 3 6 9 5
  100 100 100 100 100 100 100

 

  Euskobarometr 1993 Euskobarometro 2003 Euskobarometro 2006
Solo vasco 26 27 33
Mas vasco que español 22 23 24
Tan V como E 37 35 30
Mas E que V 5 6 4
Solo español 9 5 3
Ns/Nc 1 4 6

 

 Identidad nacional: los que se sienten sólo vascos o más vascos que españoles son el 58% – ha subido de 9 puntos en 13 – frente a los Españoles o más españoles que vascos solo el 7% y los tan vascos como españoles son el 30% (ha bajado 7 puntos en una década). A este fuerte dibujo identitario no se acercan ni siquiera los catalanes que, según el CIS, Catalunya cuenta con un 40% de sólo catalanes o más catalanes que españoles.

Desde luego, hay sentimientos comunitario/nacionales distintos. Pero incluso en ese tema de las identidades comunitarias, las encuestas, demuestran primero la profundización de los sentidos de pertenencia a la comunidad vasca (de manera exclusiva, preferente o compartida por igual con la española) sea altísimo, 91%. Y que el eje vasquista (solo vasco y más vasco que español) hagan ya mayoría con 57% frente al eje españolista 7% (más español que vasco, o sólo español).

Hay que anotar la importancia en peso del sector que comparte por igual vasquidad y españolidad, tanto por su rol moderador entre proyectos como por el papel determinante de su inclinación futura, pero es descendente en beneficio del dibujo vasquista. Esa tendencia se ha dado incluso en la fase de españolismo rabioso del PP y el PSE de Redondo, al inicio de esta década.

De todos modos tampoco hay que olvidar la compatibilidad en algún grado entre lo uno y lo otro para el 58%, que si es un dato muy estable, porcentaje que nos indica la importancia de los mestizajes, de las diversas identidades, y de construir tanto nación como sociedad con todos los mimbres.

Según el Euskobarometro Los vascos vuelven a dividirse en partes iguales entre nacionalistas (46%) y no nacionalistas (47%), tras un avance semestral de 6 puntos de los primeros y un retroceso paralelo de 6 puntos de los segundos.

Es decir en condiciones de paz mejora la posición nacionalista sensiblemente y, habida cuenta que ese sentimiento es relativamente autónomo al voto, abre un espacio electoral de mayorías significativas al menosen elecciones locales y autonómicas.

IDENTIDAD NACIONAL SUBJETIVA DE LOS VASCOS

 
Euskobarómetro Mayo 2006

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ACTITUDES ANTE UN REFERÉNDUM DE AUTODETERMINACIÓN
EN LAS ACTUALES CIRCUNSTANCIAS

 
Euskobarómetro Mayo 2006

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ALTERNATIVAS SOBRE LA FORMA DE ESTADO

 

 

 

Proceso de normalización en el plano Cultura e identidad

 

 SOCIOMETRO V Dic 2005

 

Dígame Ud. si está más bien de acuerdo o más bien en desacuerdo con la siguiente afirmación:

EL PUEBLO VASCO TIENE DERECHO A DECIDIR LIBRE Y DEMOCRÁTICAMENTE SU

PROPIO FUTURO

2005EKO URRIA

OCTUBRE 2005

MÁS BIEN DE ACUERDO.………………………………………………………………………………… 75

MÁS BIEN EN DESACUERDO…………………………………………………………………………. 10

NS-NC.………………………………………………………………………………………………………………….. 14

 

 

 

Conclusiones

Me parece un tema importante diferenciar entre los procesos políticos democráticos ; y los procesos moleculares socioculturales.

Y estos se  diferencian por sus ritmos y sus enfoques:

-          Así, los procesos socio-culturales e identitarios, son especialmente lentos;

-          la puesta en común de valores puede ser más rápida pero deja secuelas generacionales;

-           y el éxito de los procesos de construcción nacional, depende de los elementos anteriores y del modo de formulación del hecho nacional.

Estos tres temas también cabe verlos desde las actitudes, puesto que en los procesos socioculturales debemos ser exquisitamente integradores.

-Somos un pueblo plural y en construcción colectiva, con todos sus miembros, y todo el mundo debe estar cómodo y ser tenido en cuenta en los procesos colectivos socioculturales, educativos, lingüísticos…Las identidades de los colectivos no se negocian ni consensuan, se respetan. Y los proyectos colectivos, los canalizan.

-La construcción ética de valores compartidos y revisados en su aplicación es una puesta en común, un ejercicio de diálogo y de aprendizaje colectivo.

      -La construcción nacional por fuerza requiere una identificación colectiva y no un sujeto abstracto exterior  a la sociedad plural organizada como un todo con identidad pública. Será distinta si se formula como patrimonio de una ideología o como construcción colectiva de un nuevo sujeto.

Como ven esos tres planos no se construyen desde mesas politicas sino desde actitudes y estrategias de los agentes sociales y culturales, y desde el ánimo que en esa dirección pueden generar los agentes políticos y su evolución ideológica. A época nueva, imaginarios políticos nuevos. Hoy hay una oportunidad de revisar las “verdades” consolidadas de la época anterior tanto para desechar las que no funcionan, o ayudaron al enquistamiento, como para tejer imaginarios que casen con la nueva época y ayuden a consolidar su construcción. Ramón Zallo

strucción de la identidad vasca y construcción del sujeto nacional en un cambio de época.

ABSTRACT

Este final de época a escala de Estado puede entenderse como el final de la primera fase o, si no se cierra bien, como la crisis de la democracia española surgida de la Transición, y que ha estado marcada sustancialmente por dos elementos centrales: una democracia de baja calidad y la violencia de ETA. Esta última temática se supone que se reconducirá en el proceso de pacificación ya iniciado. En cambio la normalización que está aún por iniciarse tendrá por objeto alguna clase de acuerdo y compromiso relativo al sujeto político y sus derechos, así como el relativo al marco juridico-político. Ciertamente como no se ha emprendido la revisión del sistema político a escala estatal, la normalización se sitúa solo en el País Vasco y Navarra y versa sobre el modelo de reacomodo de ambas comunidades en el sistema político y de sus relaciones entre ellas.

Junto a los temas estrictamente políticos hay otro lado del espejo y que es menos debatido y más profundo: la dimensión sociocultural de la normalización y de la pacificación, vista desde los planos ético, nacional y cultural:

-la normalización convivencial sobre la base de la reconstrucción de un tejido de valores y principios compartidos, tras el naufragio de la confrontación política;

-la compartición de unos mínimos comunes de la identidad cultural de los vascos y que tendría que identificar a una comunidad cultural –una y plural- empezando por preguntarse qué es cultura vasca y su espacio de desarrollo;

-y las dificultades de la construcción política del sujeto nacional y de la identidad nacional desde percepciones nacionales variadas y desde un escrupuloso respeto de la democracia de la regla de las mayorías en todos y cada uno de los espacios juridicos –políticos que organizan hoy Euskal Herria.

Estos procesos no se pueden construir desde mesas políticas sino desde las actitudes y estrategias de los agentes sociales y culturales, y desde el ánimo que en esa dirección pueden generar los agentes políticos y su evolución ideológica. Hay una oportunidad de revisar las “verdades” consolidadas de la época anterior tanto para desechar las que no funcionan o ayudaron al enquistamiento como para tejer imaginarios que casen con la nueva época y ayuden a consolidar su construcción.

Esta ponencia solo tratará de esa normalización de índole social en esos tres planos ético, de la identidad cultural y de la construcción nacional.

A título exploratorio creo que la pregunta clara que despejaría el lugar de cada sujeto en la negociación ulterior entre Euskadi y Estado y dejara patente los límites del comportamiento de cada sujeto porque nadie puede inhibirse de los efectos de sus actuaciones en el otro podría ser:

“¿Considera Vd. en primer lugar, que el Pueblo Vasco es una nación con un derecho de decisión sobre su futuro, incluyendo la facultad provisional del Parlamento Vasco para organizar consultas populares especificas sobre los temas que considere necesario y que esa facultad se contemple establemente en un nuevo estatuto político;

y que, en segundo lugar, conforme a la tradición de los derechos históricos, en caso de conflicto de legitimidades o intereses haya una obligación bilateral y recíproca de negociación y pacto entre instituciones del Estado e instituciones vascas en el marco del común Estado de Derecho, administrando sus consecuencias en interés mutuo?”

Obviamente, esto es difícil de aceptar por parte de quienes niegan el carácter plurinacional del estado español y las consecuencias que se derivan de ello, o de los que se niegan a cualquier cambio significativo y para ello se atrincheran en una lectura talmúdica de la CE o del concepto de soberanía.

 

UN CUADRO CONCEPTUAL sobre EL CONFLICTO VASCO

 UN CUADRO CONCEPTUAL Y PROCESOS EN EL CONFLICTO VASCO                                                                                                          

Procedo del campo del análisis, del pensamiento y de la intervención política, y desde ahí he tenido ocasión de actuar como actor implicado en algún ensayo de proceso de mediación organizado por una entidad mediadora (en una fase de la llamada primera conferencia de paz que organizó Elkarri). Pero quizás mi experiencia más gratificante es más reciente y limitada, y desde luego, nada comparable a la experiencia de mis colegas de seminario.

He tenido ocasión de actuar de co-coordinador junto con Gorka Espiau en un grupo bien diverso de personas referenciales y conocidas, ya sean independientes o de partido actuando a título personal, cercanas al socialismo, al nacionalismo moderado, a Izquierda Unida o a la izquierda abertzale. Hemos buscado y encontrado temas y secuencias en común, a modo de Hoja de Ruta que pudiera servir en caso de que se produzca un cese de la violencia en Euskadi, pero también como expectativa para animar a que ese cese se produzca porque se obtendrían muchas mas ventajas de la paz que de un escenario de violencia o de la confrontación. También hemos acotado las divergencias. Ese documento definido como “Seminario de investigación sobre escenarios de futuro”, a modo de conocimiento del Otro, y de sendas recorribles conjuntamente, se hará público en breve y al final indicaré algunos ejes sobre el mismo.

La experiencia que he descrito no me convierte en experto sino en puro aficionado, amateur. Tengo además que confesar mi relativo escepticismo respecto a la mediación si no se cumplen previamente algunas condiciones, primero para hacerla necesaria –s i fuera el caso- y posible y, segundo, para culminarla con éxito. Y ello tanto si se suman un conjunto de técnicas de contacto y generación de confianza mutua como una actitud moral.

Es más no me interesa en si misma la mediación -salvo cuando sea necesaria- y me parece inevitable que  haya conflictos, que son la esencia de los cambios. Lo único que deseo es que los conflictos destructivos se canalicen. Mi punto de vista no es por lo tanto  asegurar la mediación y su éxito sino intervenir sobre un conflicto destructivo para canalizarlo, haya o no mediación.

Es posible que sea cierto lo que dice Lederach en relación a la mediación: “Relaciones, curiosidad, creatividad y riesgo, estas claves creo que son el arte y el alma de nuestra profesión como se demuestra por aquellos que, milagrosamente, rompen las cadenas de la violencia”.

Esas actitudes valen como actitud o conducta en la mediación, así como de manual de supervivencia para quienes se han quedado en la tierra de nadie de un conflicto, por ejemplo entre guerrilla y ejército en el campo colombiano, y lo tienen que afrontar con dignidad y eficacia y creando respeto por su propio espacio. Aunque no conforman una teoría ni un modelo ni un repertorio de buenas prácticas, esas son, sin duda, actitudes positivas, derivadas de experiencias.

Es probable de todos modos que a más compleja sociedad –más mediada por instituciones, lobbyes, estratos sociales, medios de comunicación, mecanismos representativos homologados…- más interferidos están los mecanismos de superación de un conflicto y más polivalente y acumulativa deba ser la intervención, no solo con los agentes decisores sino también con la sociedad misma.

1. Elementos para un cuadro de mediación

Creo que en cualquier cuadro de mediación deben contemplarse al menos 5 elementos. Además de una Etica compartida l que dé confianza a todos los agentes – elemento 1- y una Creatividad que permita detectar la singularidad de toda situación concreta – elemento 2 – son precisas unas Técnicas de relación – elemento 3-, a poder ser una Teoría o un Cuadro conceptual no sobre el modo de restablecer la relación entre los enfrentados sino sobre el conflicto mismo -elemento 4-, así como un relato sobre las percepciones o discursos de los agentes mismos en tanto constituyen su Subjetividad y desde la que intervienen– elemento 5-.

Me voy a detener solo en estos dos últimos aspectos: el cuadro conceptual sobre el conflicto mismo y sus percepciones distintas.

El desarrollo operativo de ese cuadro conceptual sobre un conflicto concreto mismo, tendría distintos rasgos:

- Un análisis riguroso y desapasionado de los rasgos y diagnósticos del conflicto concreto así como de las fuerzas reales en presencia y sus subjetividades, lo que solo es posible desde la ciencia política o, al menos, desde una cierta abstracción sobre lo político y el conocimiento sobre el terreno.

-La conveniencia de la intervención de los agentes sociales o políticos no protagonistas pero afectados con la consiguiente Presión sobre los agentes y presuntos interlocutores políticos;

-El Cálculo político: alguna satisfacción parcial para los sujetos, mezclada con alguna dinámica de al borde del abismo que presione en el sentido de la oportunidad o de no perder el último tren ;

-La Validación democrática ulterior que actuaría de fiscalizadora futura de actitudes presentes que así se sentirán observadas en todo momento.

- Un esfuerzo Comunicativo que lleve a abrir el sistema de medios de Comunicación.

2. Análisis de diagnóstico de los conflictos.

Todavía no nos hemos puesto de acuerdo en cuáles son los contenciosos y conflictos vascos, y de esa respuesta depende, en parte, la estrategia de los partidos y la actitud ante las situaciones.

En primer lugar un contencioso sobre el modelo de estructura de Estado y el sujeto y marco mismo de la soberanía. Hay que tener en cuenta que en una sociedad desigual el marco y condiciones para el desarrollo de los derechos individuales y políticos internos están vinculados a la respuesta al dilema Euskadi versus España.

El problema nacional no es un problema artificial, adjudicable como mera pretensión a los partidos nacionalistas, sino el resultado de la emergencia de un sujeto político colectivo activado por el nacionalismo que, por la vía democrática o de los hechos, busca sustituir una estructura de dominación o gestión anterior. Si no lo activa no habrá ni movimiento ni problema nacional.

Dicho de otro modo, no hay problema nacional sin movimiento nacional significativo. Pero son los fenómenos objetivos, los problemas socioculturales, de integración comunitaria en las sociedades multinacionales o poliétnicas que no han construido la cultura de un país en régimen de coparticipación, los que constituyen, precisamente, la base objetiva para la hipotética emergencia de movimientos políticos más o menos globales (nacionalismo) o parciales (contra la discriminación).

En segundo lugar, en una sociedad hibridada como la vasca que no ha tenido muchas oportunidades históricas para afrontar dignamente los retos que la industrialización y el Estado español plantearon a una cultura minoritaria, hay un problema de redefinición de la propia identidad cultural colectiva del sujeto que se autoidentifica como comunidad sicológica que comparte una identidad diferenciada. Incluso hay un problema para la delimitación del sujeto sociocultural Pueblo Vasco.

En tercer lugar, se reproduce la pugna sobre el modelo de sociedad entre clases y grupos sociales y la confrontación de parámetros como igualdad y desigualdad, solidaridad o individualismo, cooperación o competencia… y que se expresan en conflictos de alta visibilidad (como fueron Lemoiz, Leizaran o la insumisión) o de baja visibilidad y no por ello de menor profundidad (machismo, intolerancias) y que hacen surgir colectivos reivindicativos temáticos o grupos de voluntarios.

 Estos contenciosos centrales reconstruyen agentes sociales o políticos que pueden convertirse en sujetos históricos,  sujetos conscientes estables que pretenden administrar su propio destino en clave de conflicto con el orden establecido anterior, y que pugnan por definir la sociedad misma (hegemonías sociales), o el modelo de integración comunitaria (qué comunidad), o el marco de la soberanía política (Euskadi versus España).

Sujetos todos ellos interrelacionados, no excluyentes, y que afectan a aspectos parciales de la vida de los individuos. El éxito social de los nacionalismos respecto a los movimientos puramente clasistas ha sido percibir una dimensión que desbordaba la estructura de clases aunque, en muchos casos, ignorando ésta. Precisamente, el éxito de una izquierda nacionalista pudo estar en una visión omnicomprensiva, totalizadora. Lamentablemente la izquierda abertzale olvidó que ésta -y no la lucha armada- era su mayor baza histórica.

conflictos

Unos conflictos se expresan de modo externo y otros tienen calado interno en una sociedad no suficientemente vertebrada y clasista, y con una pugna entre modelos de sociedad alternativos.

Hay unos conflictos que son básicos: 1) la confrontación entre el movimiento nacionalista vasco – dominante en la comunidad pero minoría a escala estatal- y un Estado que arropa otro nacionalismo y del que resulta un choque entre una nación sin Estado que tiene un proyecto nacional (Euskadi) y la nación española; 2) las contradicciones sobre el modelo de construcción comunitaria o de proyectos identitarios que, en el caso vasco, se remiten al grado y ritmo de euskaldunización, a la simbología, a las relaciones con otras comunidades, a necesidades y prioridades culturales…; 3) el antagonismo entre derechas e izquierdas como expresion de poder de clases y grupos sociales.

En cambio hay otros dos conflictos que pueden ser más patentes y omnipresentes pero se derivan de la dialéctica entre agentes o el pudrimiento de situaciones irresueltas. Es el caso de la doble contradicción entre: 4) izquierda abertzale y Estado y que ha incluido la confrontación armada y el terrorismo; 5) o ese otro conflicto -en este caso interno, ya patente, no violento pero sí tenso- entre la izquierda abertzale y el resto de la sociedad en torno a los valores de construcción social y política tales como democracia, violencia, vida, muerte, bienes públicos o participación.

Asimismo aparece como un parámetro regular ante múltiples problemas, otro conflicto estrictamente ideológico pero con consecuencias prácticas, 6) entre la sensibilidad nacionalista -en unos cuantos temas es una comunidad política- y no nacionalista. Sin embargo la complejización social que procede del cruce entre nacionalismo y no nacionalismo y derecha e izquierda invita a que, cada vez más, se muestren cuatro ideologías básicas -además de otras ramas- y que permiten alianzas variadas según temáticas. Con todo, los nacionalismos evidencian un cierto interclasismo al apelar a más razones que las puramente clasistas para conformar sus bases sociales. Esto último hace que haya permeabilidades entre las corrientes del nacionalismo aunque busquen representar a estratos de clases distintas.

Pero además de las implicaciones cultural y política del modo de percibir la cuestión nacional, lo llamativo es que también afecta a otras cuestiones como: el ámbito y soberanía de toda clase de organizaciones; la articulación, ordenación y relaciones territoriales y comunicativas internas (pesos electorales diferenciados por comarcas y barrios, ubicación de infraestructuras, los problemas industriales y ambientales). Todos estos aspectos interfieren en el modelo de sociedad en una nacionalidad, dando sentido a los idearios partidarios y de toda clase de organismos.

El hecho de que todos los conflictos estén muy relacionados, no quiere decir que formen un totum revolutum. Ciertamente lo que se resuelva en un tema afecta a los otros temas o, dicho de otro modo, algunos no son resolubles si previamente no se han resuelto o encauzado otros.

En este período histórico el conflicto más amargo y duro que enturbia todo el resto y, de paso, nos paraliza como país es el de la violencia, un conflicto que va más allá de una confrontación particular entre ETA o Izquierda Abertzale (IA) y Estado, para implicarnos a todos y cuestiona los valores políticos de referencia. No es el conflicto más transcendental; no es el fondo de nuestros problemas pero sí una manifestación distorsionada y distorsionable del mismo y el más visible, prioritario y traumático. Aparece como llave de paso para resolver o canalizar otros. Y a su vez no es resoluble sin encauzar o la expectativa de encauzar democráticamente el tema de origen.

Si el conflicto de la violencia se resolviera, el contencioso Euskadi-Estado podría encauzarse por vías democráticas; las relaciones intracomunitarias dejarían de estar interferidas por los sentimientos tan encontrados en nuestro país en relación a la violencia; las relaciones entre corrientes políticas podrían destensarse y entrar en nuevas combinaciones y alianzas. Y, naturalmente, ya sería un beneficio histórico en si mismo dar por cerrado el capítulo de la violencia política. 

3. A modo de interpretación histórica de esos conflictos

No lo toméis ni como un axioma ni como un descubrimiento científico que no lo es, sino solo como una interpretación subjetiva, pero a lo largo de la historia de los dos últimos siglos  en los que se ha conformado el Estado y la nación española, en conflicto con otros proyectos prenacionales o nacionales y, en cualquier caso, contra la emergencia de identidades nacionales no acomodadas en la identidad española, cada generación – o sea cada 30 años más o menos-  ha habido un cuestionamiento sea del modelo de Estado sea de su estructura, de forma defensiva o reivindicativa, y del que en general la comunidad alguna satisfacción más o menos limitada  ha obtenido y , desde luego, no sin luchar por ella.

En el XIX tomaron la forma de guerra civil a escala de Estado e interna, lo que también ocurrió como confrontación más general en 1936. A finales del XIX y tras el franquismo también sabemos que si logramos mayorías claras internas no cabe en un Estado democrático oponerse a la voluntad nacional  vasca.

Por recordar estos choques cada 30-35 años. Ya hubo algunas escaramuzas a finales del XVIII en torno a las lealtades de las instituciones vascas y el derecho a defender su territorio en ocasión de la guerra de la Convención de finales del XVIII y de la invasión napoleónica posterior. 

En la primera guerra carlista de finales de los 30 del siglo XIX se jugaba algo mas que las legitimidades dinásticas; también los Fueros y el Estado Liberal unitario, finalizando con el abrazo de Vergara y el establecimiento de las aduanas en la costa y la aplicación de las leyes generales de la Monarquía,  asi como la Ley Paccionada provincialista en Navarra.

En 1872, segunda guerra carlista, se da otro gran encontronazo en relación al sistema institucional aunque tambien el choque interno entre clases y grupos sociales tradicionales y emergentes tales como la burguesia industrial y gran propietaria

En el inicio del siglo XX ya se reinterpreta el choque de identidades como choque de identidades nacionales  por influencia del nacionalismo.

En los años 30 se encuentra el acomodo del estatuto, destruido poco tiempo después  con la guerra española en la que una parte de la población vasco navarra, los requetés estuvo en el bando faccioso

A principios de los 70, se cuestiona  no solo el franquismo sino e modelo de Estado aunque a finales de lo 70 se salda con un autonomismo, tan limitado  respecto a las expectativas como decepcionante a posteriori-

Tras la experiencia estatutaria y su deterioro, desde finales de los 90,   era inevitable la revisión del modelo  en el sentido de reconocimiento de la nación vasca y de su carácter de sujeto, un sistema bilateral de garantías y un modelo de acomodo  tanto en España por el lado politico como en Europa por el lado económico y decisorio, en régimen de cosoberanía. A diferencia del pasado las claves ya son internas y democráticas, pensemos lo que pensemos sobre sucursalismos de un  lado o unilateralismos del otro.

Si  durante este periodo 1977-2005 no  hubiéramos tenido ahí  a ETA  la crisis de Estado  se hubiera producido igual –no es un merito suyo por lo tanto- . Bien al contrario, sin la interferencia de esa violencia destructiva, es mas que probable que se hubiera planteado antes.

4. Los discursos actuales sobre los conflictos y sus contradicciones

Es conveniente saber cómo ven  los agentes los conflictos porque en principio van a partir de esa subjetividad.

Hay distintas visiones sobre los conflictos. Hay al menos cinco posiciones con su cara y su cruz.

a) La derecha españolista o nacionalista española sólo ve un conflicto, el de “los violentos contra los demócratas”. No hay problema nacional -está resuelto constitucional y estatutariamente de forma democrática- ni social -no existen clases sólo desigualdades que se van atemperando conforme se desarrolla la economía-. Tampoco ve problemas de integración comunitaria aunque sí buenos y malos españoles. No cree conveniente un exceso de celo en una euskaldunización -tiene una idea de preservación no de desarrollo del euskera- que puede perjudicar lo que sería común a los españoles, el castellano.

Está dispuesta a mantener permanentemente ese conflicto porque en el mismo recrea la maltrecha por el franquismo ideología nacionalista española. No cabe esperar nada de ahí sino crispación e identificación de todo el nacionalismo con la violencia o el terrorismo y la denuncia del socialismo si se pone a canalizar el conflicto.

Con todo no hay que olvidar que la mentalidad de la opinión pública española está muy imbuida de esas ideas. 6 horrorosos años de víctimas y de contaminación ideológica no pasan en vano. Va a ser imprescindible una acción reeducadora de esa opinión pública y, sin embargo, no se cuenta con el sistema mediático adecuado para hacerlo.

b) Para la socialdemocracia hay cuatro conflictos si bien con una lectura propia de cada problema y hoy en una posición en tránsito.

En primer lugar, obviamente, consideran que hay una cuestión social -que justifica su propia existencia como corriente- y que para ellos sería la única cuestión relevante, siendo la cuestión nacional, artificial, creada por el interés nacionalista y despistante de otros problemas.

En segundo lugar el conflicto entre nacionalismo y Estado. No hay contencioso entre Euskadi y España. Ya estaba resuelto. No hay problemas de legitimidad en el Estado. Sólo habría querencia nacionalista de más poder, explicable por una ambición competitiva de otras élites y entrar en ello es menos un a necesidad como una concesión apaciguadora a la que se sienten obligados, lo que muy recientemente se ha aceptado con el Plan Guevara y en el que se contiene algún elemento que va más allá de ese discurso cuando se habla de “comunidad nacional”.

En tercer lugar, se está sustituyendo el discurso del último período que había reducido la cuestión vasca a un único conflicto entre todos los demócratas y una minoría de violentos vinculados al MLNV y del que habría sido cómplice implícito el nacionalismo gobernante. De esa filosofía surgió el Pacto Antiterrorista y de las Libertades, aun vigente pero debilitado. Este discurso del que quedan rastros significativos, está hoy en revisión y comienza a abrirse paso que la respuesta política pasa también por el diálogo y no solo por la acción judicial y policial y que los socialistas deben implicarse en la construcción política de la comunidad en lugar de representar los intereses del Estado en el País Vasco. Miran el modelo del PS de Catalunya pero aun no son el PSC ni aceptan la pura expresion del derecho a decidir.

El cuarto conflicto, siguen teniendo  una perspectiva sobre la integración sociocomunitaria referenciada en España. Una Seguridad Social propia quebraría la solidaridad de todos los españoles, la euskaldunización la ven con prevención, la capacidad decisoria debería ser limitada y apuntan que la autodeterminación promovería la fractura social.

c) En Ezker Batua Izquierda Unida se reconoce que existe un “hecho nacional”, no lo identifica con un problema particular de los nacionalismos ni lo confunde con el problema de la violencia. Por ello mismo tampoco juega a reforzar uno de los cuatro bloques (derecha/izquierda, nacionalista/ no nacionalista) con una táctica de ocupación de espacios sino que busca romper el bloqueo entre nacionalismo y no nacionalismo en varios temas (paz, modelo de Estrado y autogobierno).

Ideológicamente IU-EB se sitúa en el campo no nacionalista. Su horizonte estratégico central no es la construcción nacional, en la que podrían representar posiciones de izquierda y de clase, sino que bajo una óptica defensiva, se da a si misma la función de representar a la clase en el viaje de construcción y representación nacional que protagonizaría el nacionalismo. Su propuesta es de federalismo asimétrico.

Curiosamente en el nuevo contexto esa propuesta puede ser una zona intermedia de encuentro.

d) El nacionalismo tradicional tiene en común con la derecha no nacionalista su ignorancia de la lucha de clases aunque, por mor de su interclasismo populista,  con más sensibilidad que ésta a las desigualdades más sangrantes,. Puede coincidir con tres aspectos del diagnóstico aquí descrito: hay un contencioso Euskadi-España como cuadro de referencia de la soberanía; hay un conflicto IA-Estado y un conflicto de valores.

Donde ya es más confusa la posición es en otros dos temas. No parece que el nacionalismo tradicional (PNV y EA) haya hecho una reflexión suficiente sobre la integración sociocomunitaria -a pesar de su aceptación del mestizaje- extrayendo las debidas consecuencias al respecto, ni que valore  siempre la sensibilidad no nacionalista.

e) La Izquierda Abertzale (IA) sólo admite dos contenciosos, el nacional entre Euskadi y el Estado y el contencioso entre clases. Para ella no hay un problema social de integración sociocomunitaria; y, otros problemas, son consecuencias de actitudes de exclusiva responsabilidad del Estado. No admite cuatro cuestiones muy importantes y que le llevan a una simplificación hipernacionalista del diagnóstico y de la estrategia política.

En primer lugar, no quiere aceptar que el conflicto violento con el Estado no es un conflicto de Euskadi o de la ciudadanía vasca sino de la IA con el Estado, un conflicto distinto -aunque derivado del conflicto central nacional- y que rechaza una mayoría de la ciudadanía vasca.

 En segundo lugar, tampoco admite que la existencia práctica de ETA plantea un conflicto interno de valores, actitudes, comportamientos y concepciones distanciador en la comunidad vasca. La IA tiene razón cuando considera que los valores o la ética deben considerarse de modo no solo formal sino también global, y desde una ética concreta de situación. No tiene razón, en cambio,  cuando olvida que la ética es también formal, de valores compartidos y, sobre todo, cuando ha justificado históricamente no importa qué acción por la eficacia de los objetivos, lo cual poco tiene que ver con una ética global y mucho con su liquidación.

En tercer lugar, tampoco asume -a contrapelo de cualquier óptica materialista- que el problema de la integración sociocomunitaria en nuestro país no es un problema inventado por los partidos “españolistas” sino, antes que nada, es un producto de la propia conformación de Euskadi que hace que haya sensibilidades y votantes que conectan más con otros partidos. Obviamente una actitud así vendría a indicar que, caso de ostentar poder, adoptarían medidas administrativas de euskaldunización forzosa y acelerada o de institucionalización de un “pensamiento correcto”. Este es uno de los temas de la IA que más rechazo produce y uno de sus flancos más vulnerables.

En cuarto lugar, le cuesta aceptar la legitimidad de las ideas ajenas y de los otros sujetos.

5. La presión, el cálculo, la validación y la comunicación en el cuadro conceptual

Por desconfianza en el buenismo de la naturaleza humana, tan pródiga en actos generosos y admirables como en actuaciones crueles, egoistas y deleznables, no parece inteligente dejar los procesos al albur de los deseos o de la espontaneidad, ni tampoco dando la espalda a algunas ventajas que cada cual espera sacar del proceso.

a) Evitar la espontaneidad significa que haya un proyecto de proceso compartido pero también la conveniencia de la intervención de los agentes sociales o políticos no protagonistas pero afectados con la consiguiente presión sobre los agentes y presuntos interlocutores políticos.

Eso significa que si fuera posible un movimiento de masas activo o unas organizaciones diversas por la paz que compartan la vigilancia, ello en si mismo sería un mecanismo facilitador.

b) El cálculo político: alguna satisfacción parcial para los sujetos mezclada con alguna dinámica de al borde del abismo que presione en el sentido de la oportunidad o del último tren.

No concibo un acuerdo sobre un opción independentista ni una consulta si no es sobre alguna opción intermedia no máxima, pero tampoco que todo el recorrido de sangre de estos años fuera a culminar sobre un mero desarrollo estatutario. Y no hablo de un intercambio de Paz por reivindicaciones políticas sino de procesos de encuentro.

El futuro debe poder ser no el de una derrota de alguien, sino el de una nueva partida interesante en la que se tengan opciones para mejorar la propia posición y el propio proyecto.

c) La Validación democrática ulterior que actuaría de fiscalizadora futura de actitudes presentes que así se sientan pre-observadas en todo momento.

Somos un país con larga tradición democrática, incluso cuando en otras partes la estructura social era puramente estamental. Ya desde el medievo se reunían los representantes de nuestros antepasados “so el árbol” de esa finca de al lado, la Casa Juntas de Gernika, para fiscalizar a los poderes y pactar decisiones.

Esa tradición es un patrimonio colectivo aunque algunos por defenderla con medios espurios la han contradicho en su esencia misma. En todo caso esa tradición juega en favor de la referencia colectiva, del poco temor a la sociedad, de la alta confianza en la madurez social, de la inclusión de las consultas y de que, para la mayoría de vascos, no es una contradicción en su tradición pactista, concebirse como soberano y ejercerlo para compartir la soberanía en unos parámetros comunes con otros pueblos.

d) Tenemos una asignatura pendiente en el sistema de medios deComunicación que no está a la altura de las circunstancias. Globalmente y con pocas excepciones, a lo largo de estos años ha sido más un obstáculo que una ayuda para el proceso de pacificación de las conciencias y de los agentes. Partidizado y sectarizado  ha desmoralizado, encendido pasiones, neuras colectivas.. y solo la obstinación de las elecciones democráticas le ha ido reconduciendo en parte.

Códigos éticos, balances, consejos profesionales internos, cambios de estructura, contratos programas en los servicios públicos, descomercialización de los mismos, algunas obligaciones en todos los medios para achicar la basura, Consejo de Audiovisual, cuotas lingüísticas y de producción propia, revisión de concesiones radiofónicas, emergencia de nuevos proyectos periodísticos, nuevo sistema de televisiones locales… son algunas claves para convertir los media en verdaderos y plurales medios de comunicación social.

 6. Tres procesos distintos.

La coyuntura es propicia. La declaración de Anoeta de Batasuna de diciembre pasado, la quebradiza semitregua que vivimos sin muertos en muchos  meses, las declaraciones recientes del presidente Rodríguez Zapatero en el sentido de arriesgar en un proceso de pacificación, y los resultados de las ultimas y esperanzadoras elecciones en la CAV por el endiablado triángulo que ha resultado entre PNV, PSE e Izquierda abertzale ofrecen una oportunidad.

Encerrados los tres polos en un círculo de presión social positiva para un arreglo, diría que confirma el nuevo ciclo abierto ya en las elecciones generales de 2004, con una demanda generalizada de una mesa multipartita para la negociación con un cese de la violencia. Nadie tiene la solución y entre casi todos –unos con otros- tienen la salida. Cualquiera lo puede bloquear, pero quien lo haga lo pagaría fuertemente. También es una ocasión para que cada agente vea su lugar en el cuadro global y en relación a los otros, y no solo desde su interés.

Pero para no simplificar, en un triángulo puede estar la armonía, el equilibrio, pero también las tentaciones de las pinzas a 2 frente a uno y en temas rotatorios que pueden convertir el triángulo en infernal. Además, al lado de las fuerzas líderes hay otras más pequeñas que pueden tener una función mediadora o, al revés, espoleadora, y deseosa de hacerse con un espacio propio. EB, EA y Aralar van a tener que elegir. También está el problema de la función vicaria de EHAK y que debe asumir un puro rol de pasarela de la Izquierda Abertzale oficial.

Igualmente no es una cuestión menor las dos almas del PNV (Imaz y Egibar) con Ibarretxe de líder, así como las tres almas del PSE (redondistas, vasquistas con su 9% e intermedios oficialistas, hoy mayoritarios y con discurso nuevo  aun  poco asimilado) o las otras tres de la Izquierda Abertzale clásica (anoetistas, duros –del todo o nada- y militaristas –jo ta ke-). La lucha de líneas tiene la palabra y el país el derecho a que se lo arreglen.

 En la parte que nos importa y en el momento actual eso se concreta en varios procesos que deben ser diferenciados, sin depender unos procesos de otros, aunque se miren por el rabillo del ojo:

-proceso de pacificación y humanización

-proceso de normalización sobre principios, métodos y proyectos compartibles

-proceso de gestión de gobierno

A término convergerán. O sea solo a posteriori y necesariamente porque de hecho se influencian aunque haya que blindarlos metodológicamente, confluirán en uno solo proceso tan resolutivo en lo que atañe a la violencia y los derechos como simplemente canalizador de un conflicto político que no estará acabado pero sí reconducido desde reglas democráticas.

Pero para encarar esos problemas hay algunas reglas previas que deben  aclararse.

De la peculiaridad de  la expresión del conflicto nacional  que nos ha tocado vivir diría que es desde el pluralismo identitario y desde la igualdad de percepciones nacionales desde donde deberemos resolver el tema, lo que tiene cuatro premisas, insisto cuatro:

-partir del pluralismo y la igualdad política interna de nuestra sociedad;

-reconocer que hay un problema  a resolver;

-que somos nosotros los que los debemos hacer

- y aceptar el veredicto democrático interno, tanto a efectos internos como en el exterior.

Y obviamente las decisiones sobre qué modelo las deberíamos tomar desde la madurez de prever sus efectos  y de que nuestras decisiones no pueden inhibirse tampoco sobre sus efectos sobre terceros, y en particular sobre el Estado hoy unitario y democrático previamente constituido. No serían razonables  los ultimátums al Estado. Este  defenderá la integridad territorial si se trata de la independencia o un modo de relación si es otra cosa como es el caso hoy planteado.  Sería una propuesta a la negociación. Desde sus  intereses afectados, el Estado tiene  a derecho a negociar el acomodo del modelo resultante del derecho de decisión, buscando minimizar los efectos negativos y desde la corresponsabilidad.

Pero admitido esto, no sería de buena ley democrática que una posición minoritaria aquí buscara imponerse frente a la mayoría democrática vasca mediante alianza con los no vascos en el Parlamento Español.

Actuar así sería tener un as en la manga: la utilización de la siempre inevitable mayoría de Estado.

El voto vasco de socialistas y populares tendría el  plus de valer más que el de los demás por el valor añadido de tener socios en Madrid (sería el “sin mi no vale aunque hubiera mayorías absolutas en Euskadi”). b) Y a la salida te espero (vaciamiento). Lo que no se recorte aquí, después mis socios lo harán allí, en las Cortes que son las que, de verdad, mandan. Y lo haré legalmente con el cómodo recurso de la literalidad de la Constitución como muro infranqueable para deslegitimar derechos y pretensiones, y freno de contenidos de pacto. Lo a-constitucional no es planteable, salvo la reforma (imposible) de la Constitución.

Admitamos que ahí hay una relacion no leal  y que desmiente la expresión de que este es solo un problema entre vascos, puesto que como colectividad no se nos deja resolverlo democráticamente.  A este tipo de relaciones no leales no se les encara cediendo –o sea aceptando que no se puede exigir más de los que ellos están dispuestos a dar- sino llevando al desleal al terreno de las legitimidades y de la democracia.

En ese enfoque del “amigo inevitable” que es como sed presenta el PSE-EE hay un triple problema: que no seríamos iguales, que no se parte es un problema colectivo sino una mera pretensión nacionalista soslayable y que no se acepta el veredicto democrático interno.

Convendría diferenciar los procesos.

6.1. Proceso de pacificación y humanización

Esta legislatura debe ser la de la pacificación.

Quizás siguiendo a Pedro Ibarra (Nacionalismo: razón y pasión. Ariel 2005) cabría desde un principio un acuerdo de marcos e intenciones entre nacionalistas y no nacionalistas referido a 3 principios de procedimiento  (no exclusión propositiva, capacidad decisoria sin limitaciones a priori para el Parlamento y la ciudadanía y  legitimidad ilimitada desde medios pacíficos.) y 4 principios de contenidos (soberanía pactada como resultado, igualdad interinstitucional, no discriminación  social o simbólica de nadie  sean cuales sean los resultados y adaptación creativa del ordenamiento jurídico).

Los factores en presencia y los resultados electorales pueden animar a que la profunda crisis militar y de rol de ETA no se conviertan también en derrota política de la corriente de la que se reclama. Otegi y ETA, ambos dos, tienen una ocasión ideal para profundizar en el “espíritu de Anoeta”, facilitando que, con una tregua definitiva, se canalice a corto la cuestión de los presos y la propia sociedad vasca se dé un futuro propio. Desde ahí podrá comenzar ese largo proceso de sosiego, reflexión, reparación, memoria y recomposición de valores que tanto necesitamos. El ascenso de la corriente ideológica con la que empatiza, a través de EHAK es una ocasión inmejorable para que ETA haga un definitivo mutis por el foro sin un escenario de derrota.

Con todo, no es temática a monopolizar por un Parlamento tan diferenciado. Es probable que ni lo pueda abordar si desde la sociedad civil y sus estructuras no se abren procesos de encuentro y hojas de ruta (hay ya varias) para “el día después”. Los gestos mutuos de distensión serían de agradecer.

Los protagonistas de esa pacificación son:

-El Gobierno Español y ETA. Directamente o mediante testaferro de la IA, por un lado y para los temas de las consecuencias de las violencias y los marcos de pacificación (humanización del conflicto; restauración de derechos civiles y políticos; y procesos de reintegración y reconciliación ).;

-Paralelamente una mesa multipartita y unos movimientos sociales activos (¿un acuerdo de Gesto y Elkarri?) que arropen ese diálogo, serían especialmente interesantes.

En cualquier caso la complicidad entre los Gobiernos , es imprescindible.

6.2. Proyecto de Marco

Lo anterior sería quebradizo y respondería solo a una parte de las cuestiones que están en la mesa. Por eso se requiere abordar los temas en origen.

a) En primer lugar, hay límites en la democracia que trajo la frustrante Transición española. El primer problema es así la democracia misma ante un problema político no resuelto que reclama una segunda transición y desvela la ficción del Estado-nación homogéneo de un Estado plurinacional de hecho pero no de Derecho.

b) La sociedad vasca como conjunto problemático obliga a un discurso no solo sobre la nación sino también sobre el contenido de la nación, lo que evidentemente interfiere en el propio concepto de la nación. Los nacionalismos no son sólo reivindicación nacional sino también un modo de construcción nacional y un modo de construcción social. Y junto a ellos están las otras ideologías representativas y proyectos igual de válidos a efectos democráticos.

Esta legislatura debe ser la de un Proyecto colectivo en Euskadi, y con mayoría absoluta y a poder ser con el máximo consenso, y a negociar a posteriori con el Estado. Lo que está en debate no son unas competencias sino la relación bilateral específica entre Euskadi y Estado y la cuestión del sujeto; o sea de la “comunidad nacional”, y su derecho de iniciativa y de negociación para la decisión sobre su modelo institucional de relaciones con el Estado y de autogobierno.

Si los nacionalismos acotaran sus pretensiones -y van camino de ello- y el PSE-EE diera, de una vez, el salto del autonomismo al federalismo de verdad -del que solo en la teoría se reclaman- no sería imposible el entendimiento.

El Parlamento debe ser el protagonista pero una Mesa multipartita exterior puede facilitar el cuadro operativo y las metodologías.

No me parecería inútil que un Consejo de Sabios, vascos o no, y de todas las cunas políticas, coadyuvara, vigilara y advirtiera sobre el proceso.

6.3. La gobernación

La gobernación de gestión es un tema complicado pero no el más importante en esta legislatura que puede ser breve tanto si se reconduce un cuadro nuevo como si se fracasa. El sistema está suficientemente engrasado como para que funcione

Pero ello no puede hacerse a costa de aplazar reivindicaciones sociales una vez más. Por eso también el ascenso de fuerzas que se reclaman de la izquierda en las últimas elecciones (10 puntos más) invita a que sea una legislatura de contenido social en temas de vivienda, salario social, enseñanza, sanidad, medio ambiente o cultura. Que los temas políticos interfieren es una obviedad, pero que se sacrifiquen los derechos de los más débiles a teimpos mejores sería imperdonable.

7. Algunas conclusiones de un Seminario de investigación.

 Y todo lo anterior es posible a juzgar por un seminario sobre escenarios de futuro impulsado por Elkarri en el marco de las actividades de la Segunda Conferencia de Paz que finalizó sus trabajos en marzo del 2005 y que, en breve, se harán públicos.

En el mismo cabe diferenciar los temas de proyecto que son básicos para un proceso político de redefinición del marco, de los temas propios de un proceso de humanización o de absorción social de las secuelas de la violencia.

6.1. Respecto al proceso de redefinición del marco

Hay bastantes factores compartidos entre los partícipes, como es el logro del cese definitivo de cualquier forma de violencia de motivación política y el respeto a los derechos humanos; la necesidad de alcanzar nuevos consensos para convivir en paz, libertad, igualdad democrática y respeto al pluralismo y todo ello a través de un proceso de diálogo en ausencia de violencia y sin exclusiones; la consideración de que estamos en un tiempo de resolución de los problemas políticos, de convivencia y de violencia que padece nuestra sociedad.

Y todo ello sin perjuicio de que haya distintas percepciones sobre el actual marco jurídico.

 La opinión colectiva no valora el proceso como un ”do ut des” sino como una secuencia de gestos unilaterales en confluencia, facilitados por un clima de superación de la situación.

Se aprecia el futuro en compromiso con los medios exclusivamente pacíficos, democráticos y sin violencia, en el que se recuerde de forma prioritaria a todas las víctimas y a las personas que sufren, estableciendo medidas para su reconocimiento y reparación. Al mismo tiempo, se alcanza un amplio acuerdo sobre prevención de la tortura y modificación de la actual política penitenciaria atendiendo a un escrupuloso respeto de los Derechos Humanos.

Asimismo el respeto al pluralismo político y a la diversidad identitaria; los conceptos políticos de nación y soberanía son interpretados con creatividad; se le da protagonismo decisorio a la sociedad. La vida política se saca de lo judicial, el euskera juega un rol de entendimiento y se buscan metodologías de dialogo aceptadas por todos; y se intensifican desde el respeto a la personalidad de cada territorio, las relaciones políticas entre la CAV, Navarra e Iparralde.

Hasta aquí lo común que no es poco. A partir de ahí los futuros deseables dependen, como es natural, de cada opción política. Y se han detectado hasta 5 escenarios deseables distintos, según el prisma.

Pero hay un escenario compartido como probable por todos, en el sentido de que una tregua acompañada de medidas de distensión de Estado o viceversa, o más o menos de forma simultánea, y de que se produzca una apertura de diálogo sobre proyectos, hasta intentar llegar a uno lo más compartido posible en sus temas principales desde la nueva composición parlamentaria, de cara a su presentación ulterior a las Cortes de Madrid. Caso de que no se logre una comunidad de criterios, en todo caso, habría de canalizarse democráticamente por el Parlamento Vasco.

Paralelamente y para facilitar ese proceso se ve factible: una Declaración global de todos los partidos que contenga unos compromisos concretos en Derechos humanos incluido un Código ético, con el llamamiento a ETA de que lo respete y al Estado de que lo asegure en sus propias actuaciones, así como sobre el Pluralismo político, el diálogo político y la consulta social.

6.2. En lo relativo al Proceso de humanización

Hay mucho más en común en ese tema, con un concepto amplio de víctima -aunque sus contornos precisos siguen siendo objeto de definición- con la necesidad del reconocimiento del daño causado, de preservar la memoria abierta incluyente, plural y sin revictimización de las víctimas,  de reparación y dignificación de  su memoria y la de sus familiares,  de legitimación  reconocida socialmente  para que sean especialmente escuchadas en la construcción de la paz, y que ello no se haga en medro de la Justicia en las causas pendientes. Las causas no prescritas en relación a vulneraciones de los Derechos Humanos o investigadas insuficientemente seguirán tratándose en las instituciones judiciales.

 No hay coincidencia en exigir o no arrepentimiento o en las meddas de gracia. Pero si en desear un futuro de reparación de daños lo más intenso posible y no se ve imposible un acuerdo con una parte sustantiva de las víctimas de la violencia sobre los mecanismos concretos a implementar en los actos de solidaridad, memoria y reparación aunque esa memoria quizás no alcance a todas las víctimas de todo tipo hasta  una fase de post- violencia .

En el marco de esas negociaciones -cese definitivo de la violencia, legalización…- se produce una “humanización” en la situación interna de las cárceles y un acercamiento de los presos, para incluir posteriormente medidas de gracia graduadas en el tiempo por la gravedad de delitos en condena firme. Se ve deseable una Comisión de la Verdad plural e independiente, constituida con el máximo consenso social que elaboraría una Memoria de revisión crítica y autocrítica del pasado.

Solo en una fase ulterior los victimarios de uno y otro signo podrán reconocer el daño causado y el compromiso con un código ético de reconstrucción del tejido social civil y en una labor colectiva de prevención de las causas que han motivado tanto sufrimiento y dolor.

7.      Una propuesta a corto

El colectivo de profesorado universitario agrupado en la “Iniciativa por el Dialogo” ELKARBIDE del que formo parte junto con otros 400 colegas, ha hecho público estos días un documento con el encabezado de “Gobierne quien gobierne, un pacto por la paz y la democracia”.

La perspectiva es, al mismo tiempo, la defensa de un diálogo permanente entre todas las alternativas políticas, sin que ninguna y ninguno de sus miembros se vea coaccionado o marginado y el respeto en último término a la expresión mayoritaria de nuestra sociedad refrendada mediante consulta a la misma.

Desde esta perspectiva, y gobierne quien gobierne, queremos plantear la necesidad de un pacto de todas las fuerzas parlamentarias surgidas de las elecciones del 17 de abril.

Dicho pacto debería llevar incorporado, inequívocamente, el compromiso de que su contenido estará protegido de las controversias partidarias y se desarrollará por acuerdo entre todas las fuerzas parlamentarias que lo suscriban.

El pacto debería buscar, después, el refrendo de sindicatos, de otras fuerzas políticas sin representación parlamentaria, de todos los movimientos sociales y culturales que lo deseen e incluso recabar un apoyo, salvando sus autonomías necesarias, de instituciones universitarias, mediáticas, religiosas y deportivas.

En opinión de Elkarbide el pacto parlamentario por la paz y la democracia debería tener, al menos, los siguientes contenidos:

  1. La exigencia de tregua a ETA unida a la exigencia al Gobierno de Madrid para que establezca un cauce estable de diálogo con ella sobre las condiciones para establecer una cese definitivo de la actividad armada.
  2. El compromiso a potenciar cuantas medidas se consideren oportunas para la humanización del conflicto, tales como el reconocimiento y el necesario apoyo a quienes hayan sido víctimas de la violencia de ETA o de torturas o vejaciones en comisarías y el acercamiento de presas y presos a cárceles del País Vasco así como la superación de otras trabas existentes sobre derechos básicos (matrícula en la Universidad…).
  3. La propuesta común al Gobierno de España y a todas las fuerzas presentes en el Parlamento español para que procedan a la derogación de la ley de partidos y de cuantas medidas se hayan promulgado a la luz de ella. En un sentido similar deberían analizarse y, en su caso, realizarse propuestas comunes de medidas derogatorias, de sobreseimiento o amnistía de resoluciones gubernamentales y judiciales que afectan al cierre de medios de comunicación o al derecho de asociación.
  4. La constitución de una mesa abierta a todos los partidos (incluso si no firmaran este pacto) para tratar de establecer un acuerdo ampliamente mayoritario en torno a cuatro propósitos:
    1. un calendario a presentar al Gobierno central para el cumplimiento a muy corto plazo de la transferencia de competencias recogidas en el Estatuto de Gernika y sin transferir aún;
    2. un documento de base, en cuya discusión tengan cabida todas las propuestas, sobre el marco de relaciones con el Estado español correspondiendo al nuevo Parlamento el definir el texto base.
    3. Si hubiera desacuerdos  se resolverian mediante mecanismos acordados o votaciones, comprometiendo el resultante unánimemente  al Parlamento y Gobierno de España.  
    4. El compromiso de someter ese acuerdo final, resultante del proceso negociador descrito a consulta en la CAV.
  1. la difusión de ese documento en CFN e Iparralde  en otros territorios apertura de un proceso de relaciones con las demás administraciones políticas existentes en todo ese ámbito social de Euskal Herria.

Estaría abierto a discusión la convocatoria de unas elecciones  anticipadas si desaparecieran la ilegalización de fuerzas políticas y las amenazas a representantes.

Es posible que un acuerdo de esta naturaleza previo a la formación del nuevo Gobierno Vasco podría eliminar tensiones innecesarias y, sobre todo, podría evitar la sensación de que hay partes de espectro político que imponen sus reglas a otras. En todo caso mucho más importante que la secuencia de los acontecimientos nos parece el compromiso común para que tras las elecciones del pasado 17 de abril se abra, definitivamente, una responsable dinámica política por la paz y la democracia.

Como ven es un momento de esperanza y hay muchas iniciativas en esta sociedad despierta.